Filósofos de la antigüedad que dejaron huella

Publicado: 15 sep 2026 - 01:50
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Muchos de los que ejercían el poder en la antigua Grecia y Roma eran hombres adultos o de edad avanzada, porque la experiencia y la edad daban prestigio. Así, en Grecia el poder dependía de la ciudad-estado. En Atenas, por ejemplo, participaban los ciudadanos varones adultos; en Esparta tenían gran importancia los ancianos de la “gerusía”. En Roma, el Senado estaba formado principalmente por hombres de edad y experiencia, y tuvo mucha influencia política, especialmente durante la República. Resumiendo, los hombres adultos, especialmente los ciudadanos con riqueza, prestigio y experiencia -en algunos casos, los ancianos- tenían un papel importante. Los que imponían la realidad eran los filósofos, una huella que ha llegado hasta nosotros.

Las muertes de Sócrates, Aristóteles y Séneca representan tres de los momentos más simbólicos e impactantes de la historia de la filosofía. Cada una refleja no solo el fin de sus vidas, sino la culminación práctica de sus propias doctrinas y su relación con el poder político de su tiempo. Sócrates murió por envenenamiento forzado, al beber cicuta por rechazar las propuestas de sus discípulos para sobornar a los guardias y escapar. Argumentó que violar las leyes de la ciudad, incluso si la sentencia era injusta, destruiría el orden social. Pasó sus últimas horas debatiendo con tranquilidad sobre la inmortalidad del alma, tal como lo inmortalizó Platón en el diálogo “Fedón”. Se convirtió en el símbolo universal del intelectual que prefiere la muerte antes que traicionar sus principios morales.

Su fin se considera un ejemplo clásico de la “muerte filosófica”, donde la integridad y la virtud prevalecen sobre el temor al final de la vida.

Aristóteles decidió huir de Atenas para refugiarse en Calcis. Al marcharse, pronunció una frase célebre: “No permitiré que los atenienses pequen dos veces contra la filosofía” (en clara referencia a la ejecución de Sócrates). Murió un año después debido a sus dolencias gástricas.

Séneca afrontó su destino siguiendo estrictamente los principios de la filosofía estoica, mostrando una calma absoluta ante la injusticia. Según los relatos históricos de Tácito, dedicó sus últimos momentos a consolar a sus amigos y a dictar sus últimas reflexiones a sus secretarios. Su fin se considera un ejemplo clásico de la “muerte filosófica”, donde la integridad y la virtud prevalecen sobre el temor al final de la vida.

Sócrates murió en el año 399 a.C., a los 70 años, al ser condenado a beber cicuta por un tribunal ateniense. Platón falleció de muerte natural a los 80 años en el 347 a.C., mientras asistía a un banquete. Aristóteles murió en el 322 a.C., a los 62 años debido a una enfermedad estomacal poco después de exiliarse.

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