Fernando Ramos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
Gallegos por el mundo y anécdotas y episodios americanos
HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL
A lo largo de los 23 años mi etapa como profesor universitario tuve ocasión de viajar por el mundo, sobre todo a Hispanoamérica, y fue especialmente enriquecedora por la serie de personajes interesantes que conocí y las enriquecedoras anécdotas que atesoré. Fue emocionante la serie de descendientes de gallegos que fui encontrando en los más inesperados lugares. En Caxias do Sul, en Brasil, cerca ya de la frontera con Argentina di con un curioso descendiente de ourensanos de Vilamartín de Valdeorras que regentaba una singular ferretería como no hubiera ninguna en mi vida y que me contó la historia de su abuelo, realmente de novela.
Como la Universidad de Vigo tiene convenio con la de Caxías do Sul fui contratado para dar un curso de comunicación institucional muy bien pagado. Y el día que fui a percibir mis honorarios al Rectorado me pasó una cosa muy emocionante. Observé que, tanto en el campus como en la rectoría, al lado de las banderas de Brasil, el territorio y la Universidad ondeaba la de España. Y cuando pregunté el motivo me dijeron “Es por usted. En esta Universidad siempre que tenemos un profesor invitado de otra nación, ondeamos su bandera”. Me hice una foto con el Rectorado al fondo y se pueden imaginar el orgullo que sentí al saber que nuestra bandera estaba allí por mí.
En Guatemala vi cosas curiosas, como que el portero del hotel donde me alojaron estuviera armado con un subfusil
Otro lugar donde viví otra curioso anécdota fue en Guatemala. Me había invitado el Comité Olímpico de aquel país a dar un curso sobre protocolo deportivo e institucional. Uno de los días, me invitaron a conocer y almorzar en la antigua Guatemala, ciudad destruida por el famoso “Volcán del Agua”. El único edificio que sobrevivió fue el de la administración española. Para ir a esta ciudad nos llevaron con a la directora de protocolo del comité y su secretaria en un coche oficial, conducido por un nativo original, a cuyo lado hice todo el viaje charlando. Al llegar al antiguo convento que ahora es un prestigioso restaurante, en lugar de sentarnos todos juntos en la mesa, al chófer lo mandaron a mesa aparte. Me sentí muy incómodo y en un aparte pregunté a la secretaria por qué aquel detalle. Y su respuesta me sorprendió más: “Es por culpa de ustedes, los españoles, y sus costumbres dejadas aquí. Un empleado o criado nunca se siente a la mesa de los señores. Y eso sigue vigente”. Cuando llegó la hora del café me levanté de la mesa y fui a sentarme con el muchacho que se sorprendió mucho.
En Guatemala vi cosas curiosas, como que el portero del hotel donde me alojaron estuviera armado con un subfusil, pero lo mejor fue cuando fui a cobrar mis servicios. Al no tener cuenta, el dinero lo ingresaron en la de la directora de protocolo del comité y esta me lo entregó en efectivo. Esta señora, de sangre española, era hija de un general y pertenecía a la burguesía guatemalteca. Cuando íbamos al banco nos sobrevolaron varios helicópteros y ella comentó con naturalidad que seguramente era parte de algún movimiento militar. Y tan tranquila.
Otra cosa curiosa fue mi foto bajo la estatua de un guerrero maya, que tiene un mazo en la mano. Dicen de broma o en serio, que es arriesgado que un español se ponga debajo, porque el guerrero puede tomar vida y darle con el mazo. Yo me puse, y no pasó nada. Era el 8 de diciembre y Guatemala celebraba la Inmaculada con una gran procesión. Encontré a varios pobladores orgullosos de su pasado hispano y vestidos con atuendos de la época de la antigua Capitanía general. Una de sus lugares más interesantes eran el museo del Jade y las ferias tradicionales de artesanía. En todos los lugares donde me identifiqué como español y gallego me acogieron con especial simpatía. Allí conocí a varios descendientes de gallegos, todos con boyantes negocios diversos, sobre todo de hostelería.
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