Xabier R. Blanco
CLAVE GALICIA
Perros en campaña
Cada entrevista de Isabel Díaz Ayuso intensifica la potencia de su figura. Entre tanta mediocridad y postura insípida crece la coherencia de su discurso: es liberal y por lo tanto baja los impuestos; critica los totalitarios decretazos de Pedro Sánchez y ella limita el poder de lo público frente a lo privado; se pone del lado de los empresarios y por eso los apoyó en lo peor de la pandemia blindando su actividad mientras el resto de autonomías apostaban por las irracionales restricciones medievales.
Ayuso golea al resto de clase política española hasta en la cuota de pantalla de las visitas al “Hormiguero”. Si en el fútbol se pide a los canteranos que tiren la puerta del primer equipo para ganarse el puesto, la presidenta de la Comunidad de Madrid se ha subido a una retroexcavadora y ya ha demolido hasta los cimientos del edificio. Ahora, tras arrasar en las autonómicas del 4 de mayo pretende lo mismo que el resto de barones populares: controlar el organigrama del partido en la comunidad que preside. El único obstáculo es que Ayuso viene a ser una actualización de lo que en EEUU se conoce como “maverick”, un político con criterio propio que en España tiende a chocar contra la insufrible burocracia de los partidos y los instintos de supervivencia de los cargos orgánicos más cómodos en los despachos que en las urnas. Porque solo pensando más en un hipotético congreso nacional del PP que en las próximas generales podemos entender que Pablo Casado, dos años después de encontrar sin saber muy bien cómo un motor político de primera magnitud prefiera embarrarle la carretera en lugar de la sincronización hacia 2023.
No es la primera vez que vemos maniobras de los aparatos ni tampoco a las apuestas tumbando a sus apostadores. Pero la historia política reciente de España no recuerda un fenómeno de este nivel: es evidente que Díaz Ayuso hace mucho que trascendió Madrid. Lo reconoció Sánchez cuando empezó a reorientar de forma indigna los recursos del Estado -incluida una campaña de desprestigio- para intentar hacer el vacío a la capital aunque La Moncloa falló estrepitosamente en su estrategia: la madrileña demostró que crece en el antagonismo y si superó el combate contra el presidente del Gobierno no parece complicado pensar qué puede suceder ante Almeida. La paradójica diferencia es que Casado, recordó ayer Rubén Amón con Alsina, ni siquiera podría permitirse ganar este pulso: como están señalando las últimas encuestas el riesgo para él está en perder el capital político ganado por ella el 4 de mayo. Mientras, Ayuso seguirá recibiendo ovaciones con su desprejuiciado ideario liberal en el que cada vez se reconocen más españoles. Y en eso, en conquistar a los votantes, está la clave de ganar las elecciones.
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