Manuel Orío
RECORTES
El gran apagón
RECORTES
Como el tiempo se pasa volando y llegando a una edad el vértigo a su paso es prácticamente indomable, va para un año -se produjo el 28 de abril de 2025- del apagón que dejó a oscuras a todo el país y, si bien parece que fue ayer, se produjo hace más tiempo y lo que es peor, ignoramos todavía qué causas lo produjeron.
Lo que produce una mayor extrañeza es que la responsable máxima del suceso, Beatriz Corredor, no ha dicho una palabra, no ha explicado lo inexplicable"
La necesaria pausa impuesta por el Gobierno para esclarecer sus motivos y que exigió y no solicitó ni en sede parlamentaria ni a los contribuyentes, hace mucho que ha expirado. El presidente Sánchez advirtió que se llevaría a cabo una investigación rigurosa, se comprometió a despejar todas las incógnitas, pero las cosas en verdad no pasaron a mayores. Hay una nueva ministra que también adquirió el compromiso de investigar el episodio y depurar responsabilidades, la que había se marchó a Europa dejando pendientes unas cuantas cosas y deseando poner tierra de por medio.
Pero lo que produce una mayor extrañeza es que la responsable máxima del suceso, Beatriz Corredor, no ha dicho una palabra, no ha explicado lo inexplicable y ni siquiera ha pasado por el Congreso o por el Senado para dar cuenta de sus acciones el día en que se apagó el país. Beatriz Corredor es, y así lo proclama su currículo, licenciada en Derecho y registradora de la propiedad, actividad que exige sin duda una gran preparación y un largo periodo de estudio para aprobar la oposición pero que mucho no tiene que ver con las fuerzas eléctricas. Corredor ejerció el cargo de ministra de Vivienda con Zapatero y el alcance de su política en el departamento se trasluce hoy junto a la de otros muchos de sus responsables a lo largo de los años, en el catastrófico panorama que distingue el sector de la vivienda en España.
Corredor, según sigue contando su expediente oficial, es una experta en el ámbito inmobiliario pero nada se le supone en un escenario tan específico como el energético. Es como si a mí me visten de luces y me obligan a matar un toro. Lo más natural es que el toro en un par de minutos me cosa a cornadas. A ella, también pero nadie lo ha dicho ni quiere enterarse.
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