Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Aquí no dimite nadie
CAMPO DO DESAFÍO
El congreso lanzadera del PP ha tenido la virtud de su claridad. Feijóo no escurrió el bulto de la extrema derecha en una hipotética investidura. “¿Vamos a establecer un cordón sanitario a Vox como nos pide la izquierda?“, se preguntó el de Os Peares. ”No”, se respondió él mismo y continuó: “Es la tercera fuerza política, sus votantes merecen un respeto y yo no estoy dispuesto a arrinconarles”. Feijóo señaló al inicio de su intervención, que estaban allí para dejar las cosas claras. Pero la pregunta no está bien formulada. No necesitaba Feijóo referirse a la izquierda, no es esta quien le impone cordones sanitarios, sino su propia mala conciencia. Al PP actual le incomoda el recuerdo del espíritu reformista y liberal que alentaba en la UCD o el ejemplo de las secciones francesa y alemana de la propia familia popular en Europa, resistentes todavía a los cantos de sirena de Ressemblement National y AfD.
Medio siglo después de la muerte del dictador, la derecha española desanda un camino del que con toda justicia podía sentirse orgullosa
Decía Simenon, o Maigret, tanto monta, que la característica esencial de una verdad, es la de ser simple. Y la simplicidad, que no simpleza, de las palabras de Feijóo en su congreso de relanzamiento, es la de haber dado carta de naturaleza al entendimiento de las derechas para gobernar España. Es cierto que la oferta de Feijóo se abrió retóricamente a los partidos nacionalistas -salvo Bildu- y otros ámbitos, pero, convendrán conmigo, nada de esto tendrá ninguna verosimilitud si la suma de PP y Vox desborda los 175 escaños que permiten encaramarse a la mayoría absoluta. La contrarreforma y el espíritu derogativo del período progresista, son la argamasa de la nueva mayoría social que se está fraguando. Con Vox al alza y tercera fuerza en el país –lo ha resaltado Feijóo-, el PP reformula los argumentos que hoy critica en Pedro Sánchez: o yo o el caos. Y Junts y PNV responderán: ¡el caos, el caos!
Georges Simenon, entre la escritura y la promiscuidad incesantes, aun sacaba tiempo para la oscura especulación teórica: “todo consiste en ser más verdadero que la realidad”. Medio siglo después de la muerte del dictador, la derecha española desanda un camino del que con toda justicia podía sentirse orgullosa. Sus sectores más ilustrados y aperturistas supieron advertir entonces con nitidez: más verdadero que la realidad solo podía serlo la recuperación de los derechos y libertades. La voluntad contrarreformista que une a PP y Vox, más allá de su legitimidad democrática, viene envuelta en los ropajes del odio al inmigrante, la elusión de la violencia de género y lo diverso o la poda más o menos explícita de las políticas sociales y el Estado del bienestar. Más verdadero que la realidad, es el retorno de la gran derecha española.
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