Manuel Herminio Iglesias
DENDE SEIXO-ALBO
A xustiza tardía vale pra pouco
MORRIÑA.COM
Aunque el 80 por ciento de su territorio está cubierto de hielo, y apenas da cobijo a 60.000 habitantes siendo la isla más grande del mundo, la situación estratégica de Groenlandia supone un gran escudo de protección y seguridad para EEUU En su visión del mapa mundi, el trumpismo concibe su poder y cometido principal como un monopoly sobre el que extender el poder político y económico. Por eso Groenlandia es un objetivo para Donald Trump, porque esta gigante extensión cuatro veces más mayor que España propiedad de Dinamarca, que pertenece a la Unión Europea y forma parte de la OTAN, es en sí misma una gran fuente de riqueza al tiempo que ocupa una posición privilegiada entre el Ártico, el Polo Norte, EEUU y Canadá. Esa combinación geográfica de recursos naturales supone un blindaje frente a Rusia y China con el que afianzar a la América estadounidense como líder mundial manteniendo a raya a Putin y Xi Jinping.
Algo parecido ha sucedido históricamente con Groenlandia, cuya propiedad y dependencia de Dinamarca es la que frena a Washington para controlar el gran escape de paso comercial y militar para Rusia y China a través del océano Ártico.
Para entender la nueva configuración del mapa geopolítico hacia el que nos empuja la era Trump, digamos que Groenlandia podría enmarcarse dentro del continente americano por su situación, siendo Asia, África, Europa y Oceanía una posible fotografía continental sin olvidar que la Antártida se puede catalogar como el sexto continente. Y aunque a día de hoy la Antártida se mira como una vasta extensión de hielo en el Polo Sur, la más austral y fría de la Tierra, un frágil Tratado de 1959 le otorga fines científicos y pacíficos hasta que los poderosos necesiten de sus riquezas, entre ellas la mayor reserva de agua dulce del planeta. Francia, Reino Unido, Nueza Zelanda, Noruega, Australia, Chile y Argentina son países con pretendidas reivindicaciones territoriales sobre la Antártida. Algo parecido ha sucedido históricamente con Groenlandia, cuya propiedad y dependencia de Dinamarca es la que frena a Washington para controlar el gran escape de paso comercial y militar para Rusia y China a través del océano Ártico. Una vez encarrilada la expansión trumpista hacia Latinoamérica tras el control de Venezuela y la detención del tirano y dictador Maduro, a la Casa Blanca sólo le queda contener a Rusia en Ucrania, intimidar a Europa y a China con la guerra arancelaria, sujetar Oriente Medio tras la firma de paz en Gaza y hacerse finalmente, si es que puede, con Groenlandia. Este último objetivo es el movimiento emprendido por Trump, que tratará de comprar o controlar Groenlandia si no se complica con un ataque a Irán. El plan de Trump es el reparto de la riqueza petrolífera, mineral y de tierras raras, la firma de un tratado de adhesión o asociación tras un hipotético referéndum (cuenta con derecho de autodeterminación) entre la reducida población de la isla a la que tratará de comprar, y una mayor implicación de EEUU en la guerra de Ucrania como contrapartida a Bruselas para contener la amenaza militar de Putin sobre Europa, incluida Dinamarca. En este juego perverso de poder global se están librando grandes batallas bélicas, económicas, políticas y diplomáticas en las que España no cuenta, por mucho que Moncloa disimule la política exterior menguante del sanchismo.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Manuel Herminio Iglesias
DENDE SEIXO-ALBO
A xustiza tardía vale pra pouco
Fernando Lusson
VÍA DE SERVICIO
Un manifiesto con onda expansiva
Jenaro Castro
MORRIÑA.COM
Groenlandia
Luís Celeiro
TÍA MANUELA
Chorar como un tolo
Lo último
REFORMA LEXISLATIVA
O Riós axilizará trámites coa Lei de Patrimonio Cultural da Xunta
MEJORAR LA MOVILIDAD EN OURENSE
El PSOE reclama el soterramiento de Otero Pedrayo
DAÑO CEREBRAL ADQUIRIDO
La Diputación destaca el papel social de DCA Ourense
EL JUEGO ALEGRE
Ontime: el matiz es cuestión de goles (a favor)