Pilar Cernuda
CRÓNICA PERSONAL
Hodio
CRÓNICA INTERNACIONAL
Con el foco puesto en Oriente Medio tras el ataque del pasado 28 de febrero de Estados Unidos e Israel contra Irán, la situación de la Franja de Gaza y de la guerra de Ucrania provocada por la invasión ordenada por Vladimir Putin, han pasado a un segundo plano, y sin embargo la situación en ambas regiones lejos de mejorar con el paso del tiempo se enfrentan a la tragedia del enquistamiento al verse alejadas las posibilidades de que los principales actores implicados en lograr la normalización se encuentran enfrascados en una nueva guerra de consecuencias imprevisibles y que a medida que pasa el tiempo se comprueban las dificultades para salir del avispero que han agitado Donald Trump y Benjamin Netanyahu, que no dan muestras de saber cómo salir de él, mientras que el riesgo de que el conflicto se amplíe se hacen cada vez más evidentes.
Después de haber asesinado a más de 70.000 gazatíes, haber destruidos ciudades e infraestructuras básicas para la supervivencia de los centenares de miles de personas que han sido desplazadas de sus hogares o de las zonas en las que residían y después de que se hubiera alcanzado un plan de paz de distintas fases, que comenzaba con el fin de los bombardeos sobre la población civil y la apertura de algunos de los pasos fronterizos para la llegada de ayuda humanitaria, como paso previo a una segunda fase de retirada parcial del ejército israelí, el estallido de la ofensiva sobre Irán ha tenido la consecuencia de que se han vuelto a cerrar las salidas de Gaza y se ha reducido muy significativamente la entrada de alimentos, agua y medicinas, de tal forma que los palestinos de la Franja vuelven a ser rehenes de las decisiones políticas de Netanyahu, vuelven a ver sus vidas en peligro, -nunca dejaron de estarlo a tenor de los centenares de muertos causados tras la aplicación de los primeros acuerdos- y la hambruna vuelve a ser una amenaza cierta, a pesar de que los chiíes de Hamás se han cuidado de intervenir en el conflicto, al contrario de los proiraníes de Hezbolá que han convertido al Líbano en otro escenario de la guerra con la secuela de más de 700.000 desplazados y el bombardeo del centro de Beirut.
Otro tanto ocurre con la guerra de Ucrania, sin perspectivas de que en algún momento se puedan retomar las conversaciones de paz. Las incertidumbres provocadas por el presidente de Estados Unidos, sus cambios de opinión según con el pie con el que se levante.
Otro tanto ocurre con la guerra de Ucrania, sin perspectivas de que en algún momento se puedan retomar las conversaciones de paz. Las incertidumbres provocadas por el presidente de Estados Unidos, sus cambios de opinión según con el pie con el que se levante, que lo mismo trata de presionar a Putin como al presidente ucraniano, Vladimir Zelenski para que acepte que no puede ganar la guerra y que la forma de acabar es ceder a todas las pretensiones del Kremlin, que no ceja en su deseo de hacerse con todo el Donbás, la quinta parte del territorio de un país soberano. La última decisión de Donald Trump de levantar temporalmente el embargo del petróleo ruso para tratar de paliar la escasez y el alza de los precios que tiene la guerra contra Irán después del cierre del estrecho de Ortuzar, por donde circula el veinte por ciento del crudo mundial, también tendrá consecuencias sobre la guerra ucraniana en la medida en que Putin contará con más fondos para proveer su industria militar. Enredado domo está en la nueva guerra del Golfo, Ucrania ha pasado a ser la última de las preocupaciones de Trump, mientras trata de salir de una guerra de la que ya no se sabe su objetivo.
Tras la hipocresía de Trump, que ahora afirma que no le interesa ser galardonado con el premio Nobel de La Paz -después de haber humillado a la verdadera premiada del pasado año, María Corina Machado-, el presidente de Estados Unidos, que presumía de ser capaz de acabar con la guerra de Ucrania en un mes, ve como el problema generado por la invasión de Putin permanece encallado y ha entrado en el quinto año de sus enfrentamientos y de la reconstrucción de Gaza ni se habla, ni tan siquiera para convertirla en el “resort” de lujo que pretende levantar sobre las ruinas del suelo palestino.
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