Victoria Lafora
El calor enloquece
DÍAS Y COPLAS
El verano tiene muchos momentos para compartir lo que nuestra voz dice. Hablamos más y hasta dejamos dicho de forma más sincera lo que somos y cómo lo reflejamos.
Mi libro “Hablar es un placer”, presentado en mayo hace de las suyas este agosto y camina a la segunda edición que veremos en setiembre. Es en este tiempo vacacional cuando el método creado se pone a prueba de verdad. Y lo es cuando “Hablar es un placer” deja de ser frase de taller y se convierte en manual de supervivencia en terrazas, aeropuertos y sobremesas largas. El veraneo pone en marcha la tertulia y con ella la mejor manera de comprobar cómo emitimos palabras y gestos en nuestra comunicación.
En invierno vendemos con datos y en verano conectamos con chancletas, medio desnudos y bronceados en una cafetería. Y ahí es donde se ve quien habla bien y quien solo habla mucho.
Mi método tiene tres patas todo el año, y son las patas de una silla que conecta, emociona y ofrece brevedad calculada; pero esa síntesis no impide el sentimiento, o más aun, obliga a ofrecerlo. Para el verano añado una cuarta pata y es la de refrescar, ser ligeros y animar para no caer en adornos innecesarios porque con temperaturas altas nadie aguanta un discurso y, en cambio, todo público se ofrece preparado para una historia corta con hielo y limón.
En invierno entras presentándote y en verano entras preguntando ¿de donde eres? ¿recomiendas alguna cala sin gente?
El buen orador de verano no impone. Se adapta. Es como una buena toalla.
“Hablar es un Placer” también nos dice que saber callar a tiempo, es un éxito asegurado
Si en tres frases no has hecho sonreír, cambia de tema porque estamos de descanso. Otra regla es la que emociona con el drama bueno. En verano todo es más grande, desde la cola, el calor y el precio del helado. Úsalo. No cuentes que la empresa va mal, o dilo pero con campanitas que atraigan. Puedes decir que tardaste 4 horas y que el GPS te metió por un camino de cabras. La gente no recuerda estadísticas, recuerda al que hizo reír con el atasco de la carretera de La Coruña. Emocionar en agosto es convertir la queja en anécdota. Y la regla de ser breve es el cierre con helado. Con niños, con calor y con ganas de playa, dos minutos es un TED Talk.
Termina siempre con frase de brindis, algo así como una conclusión que diga que el verano está para contarlo mal pero reírnos bien, con brindis y a otra cosa. “Hablar es un Placer” también nos dice que saber callar a tiempo, es un éxito asegurado.
La regla 4, es la que refresca y supone adaptar el tono al sitio.
Con los suegros nada de política; con los amigos cero tecnicismos y con guiris cero chistes locales. El termómetro del chiringuito es el que manda. Mira alrededor antes de abrir la boca. Hablar bien en verano es no ser el cuñado que amarga la paella.
Y tenemos el contraejemplo del verano en el manual antioratoria, ese que supone cero conexión, cero empatía, cero lectura de sala. Es lo contrario a “Hablar es un placer”, y afirmamos entonces que “Hablar es un problema”. Y se reafirma en verano porque en verano se cae la máscara. Sin powerpoints, sin corbata, sin guion. Solo tú, tu voz y personas que quieren pasarlo bien. Ahí no vale el postureo. Vale la naturalidad. Vale escuchar. Vale reírte primero de ti. Ahí “Hablar es un placer” demuestra que sirve para caer bien, no para convencer. Porque al final, comunicar en agosto es como hacer turismo, es ligero, con curiosidad y sabiendo parar. La oratoria con crema solar es eso.
Si en septiembre volvemos con los incendios, la OIT y Yolanda Díaz, la problemática de la inmigracion en Ceuta y Melilla y las comisiones políticas que al menos lleguemos habiendo practicado. Practicado a hablar poco y bien. A escuchar de verdad. A contar historias en vez de soltar datos. A que cuando alguien se acuerde de la cena de agosto, se acuerde de ti por la empatía, no como el del deportivo o la del moreno de bote. “Hablar es un placer” en invierno, en el trabajo y en el escenario. En verano, en la terraza, en la playa y en la vida. Disfruten. Hablen bien. Que se nota. Y se agradece. Cada vez más.
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