Rafael Salgado
LEMBRANZAS
Ourense no tempo: album de verano | Maristas en Cesta y Puntos
DEAMBULANDO
Por o Morrazo esa montuosa península de las más marcadas de las Rías Baixas que separa la de Vigo de la de Pontevedra, esa tierra que se dice de bravas gentes ya desde los tiempos en que la memoria enflaquece, que hoy nos recuerda a sus portentosos atletas del remo olímpico, los medallistas Teresa Portela y David Cal, donde se asienta Moaña, Cangas, Aldán, Bueu, Marín en una sucesión ininterrumpida de casas como de una costa altamente andropizada. Una visita después de media docena de años sin hollarla, con proliferación de urbanizaciones en las laderas de esta sierra de Domaio, 627m. en su cota.
Costa superpoblada y de turístico atractivo en un entorno, que, con dosis de buen tiempo o sin él, llena, por este estío, las playas de Rodeira, Nerga, Barra, Limens y las de la costa norte: Aldán, Bueu, Lapamán, Aguete…
Si rematas la incursión por el oeste estarás en la llamada Costa da Vela, acaso por los fachones que se encendían para dirigir la navegación o atraer a náufragos como en cierta época. La costa oeste en lo alto do Facho cobijó un pequeño castro marítimo excavado al que los más aguerridos suben desde la aldea de Donón. Desde allí, esplendorosa vista de dos Rías, de las atlánticas islas Cies, Ons, pero que la instante niebla solamente permitía una visión de apenas 200 metros, al asentarse toda la jornada por la evaporación constante del mar.
Recalar en la primera parada en Cangas era como rememorar viajes en aquellos barcos desde Vigo cuando aún funcionaba la factoría conservera Massó. Una playa urbana, Rodeira, y un paseo por la zona vieja dieron para admirar el retablo reluciente de la Colegiata. Seguimos a Hio que por eso de O Hio, llaman por allí Ohio con fonética de este estado USA; imprescindible su afamado crucero barroco, protegido por una valla. Desde allí a Nerga, que ni en los mejores días de más afluencia. Como al avistamiento de playero chiringuito donde comer algo, cuando conato de asiento, ruidosa música nos hizo casi huir hasta Donón con la intención de caminar hacia o alto do Facho donde un castro, pero disuadidos por la instante niebla, trocaríamos vista por el solaz de un anticipado llantar de tortilla de patata, pimientos de Padrón, calamares fritos y raxo, servidos en redondas mesas de madera en una amena pradería, con sombrillas que resguardaban de un casi apetecible sol mientras retozones gorriones no perdían la oportunidad de picotear o llevarse al vuelo alguna migaja. Uno recordaba la última incursión con unos amigos, invitados por Javi Lerenda en la cercana Aldán, desde donde aún doloridos los miembros por tanto remar en la ría hubimos de afrontar las rampas del Facho.
Se iba a recorrer la costa entre Donón y la playa de Limens desde donde como a tiro de hondero las Cies, pero nubes bajas obstaban las vistas, por lo que optamos por continuar a Bueu con paseo a orilla mar, de pequeñas playas salpicado, a cobijo de los vientos del sur por la interpuesta sierra de Domaio. Las playas de Lapamán, Aguete fueron como de paso hasta nuestra arribada a Marín, más conocida por su escuela Naval y la celulosa de Ence que por la pesca, que boyante parece, a juzgar por las portuarias instalaciones. Como a tiro de piedra la isla de Tambo, que militar polvorín de la Armada fue hasta su devolución al uso civil.
Dicen del Morrazo que gentes bravas e indomables, acaso de las más de toda la galaica costa del Miño al Eo, cuando siempre teníamos por más bravías las cántabras en consonancia con un más revuelto mar. Las etiquetas en estos tiempos están desfasadas. Eso pensábamos a medida que nos alejábamos de la costa, visionando o vislumbrando de soslayo la urbe pontevedresa, y ya entrando por Ponte Bora, abandonado un tramo de autovía, cabalgamos por la carretera nacional, más tranquila pero de más trabajoso tránsito en pasando por las cercanías de la carballeira de san Xusto, Cerdedo, que al lado Sabucedo, el de los famosos curros o rapa das bestas; más adelante, Soutelo de Montes, donde, camino de a Lanzada, parada obligatoria por sus sabrosísimos bocatas otrora fue.
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