Ramón Pastrana
LA PUNTILLA
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En la maravillosa película de Steven Spielberg de 1987 “El Imperio del Sol” hay una escena que siempre me ha fascinado. Bueno en realidad en esa película hay muchas, pero esta en concreto creo que tiene una belleza extraordinaria y un texto que en el contexto de la historia, es precioso. Es la escena en la que el niño protagonista interpretado por Christian Bale ve, desde mucha distancia obviamente, la explosión de la bomba de Hiroshima y después se dice para sí en voz alta lentamente mientras mira al cielo extendiendo una mano para protegerse del sol algo como esto (voy de memoria, perdonen ustedes): “Hoy he aprendido una palabra nueva, bomba atómica. Fue… como si Dios hiciera una fotografía con flash”.
Pues bien, yo también he aprendido hoy una palabra nueva: caquistocracia. Según la RAE caquistocracia significa “gobierno de los peores, de los ineptos, o de los menos capaces”. Por supuesto la palabra tiene un origen griego, eso se nota en cuanto la oyes o lees. Pero aunque fui bueno en griego de chaval ya no recuerdo casi nada de aquello, así que tuve que recurrir a un diccionario, en realidad a la wiki por comodidad, para entenderla correctamente: “kakistos” (el peor), y “kratos” (gobierno). O sea, en español caquistocracia.
Los clásicos griegos, hay que fastidiarse, es lo que tienen, que siempre resultan más modernos que Rosalía o Bad Bunny.
Y ahora vuelvo a los griegos, caquistocracia. Y vuelvo a la peli de Spielberg: fue como si Aristóteles me susurrara algo al oído.
¿Vivimos hoy en caquistocracias? No lo sé. Soy consciente de que muchos siempre han pensado lo mismo a lo largo de la historia y ahí están los clásicos, griegos o romanos para confirmárnoslo. No hay más que leer para enterarse de cómo son las cosas.
Bien, me paso directamente a los romanos. Sabemos como fueron tipos como Tiberio, Calígula o Nerón por otros de su tiempo que nos los describieron con precisión y agudeza como Suetonio, Séneca, Tácito o Plinio el Viejo. Pero hoy, siglos después, los testimonios de esos cronistas que siempre hemos tenido por fiables están en entredicho. Muchos estudiosos modernos tienen dudas. ¿Quién sabe si Tiberio en realidad era un santo, Calígula un ángel, o Nerón una buena persona aunque tocara la lira de pena? Ya no puedes fiarte de nada. Y menos con las redes sociales.
Fijémonos en nosotros sin ir más lejos. ¿Adolfo Suárez era un hombre recto y honesto o un abusador sexual? ¿Felipe González era una joven esperanza o un terrorista encubierto? ¿Zapatero era Bambi o el monstruo de la ciénaga? ¿Aznar era un hábil gestor o un general con ansias de guerra? ¿Rajoy era un tonto o un señor bondadoso de provincias? ¿Pedro Sánchez es solo un chico guapo o un mentiroso y estafador compulsivo? Seguramente no lo sabremos hasta que pasen dos mil años. Y quizá ni aun entonces. De momento yo hoy he aprendido una palabra nueva.
Y ahora vuelvo a los griegos, caquistocracia. Y vuelvo a la peli de Spielberg: fue como si Aristóteles me susurrara algo al oído.
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