Incapacidad temporal, salud y trabajo

TRIBUNA

Publicado: 26 oct 2026 - 04:50
Miguel Abad Vila
Miguel Abad Vila | La Región

La incapacidad temporal (IT), la que conocemos popularmente como baja laboral, es más que un mero indicador de enfermedad. Representa un espejo de las condiciones en las que trabajamos, de cómo se organiza el empleo y de quién asume los cuidados fuera del horario laboral. Por eso, cuando las estadísticas muestran cifras más elevadas entre las mujeres, la respuesta no puede limitarse a una explicación biológica.

En España, la magnitud del fenómeno es considerable. En 2024 se iniciaron más de 9,1 millones de procesos de incapacidad temporal, según el Consejo Económico y Social. La duración media de los procesos finalizados por contingencias comunes entre trabajadores por cuenta ajena, excluidos los autónomos, alcanzó los 39 días, frente a los 34,7 del año anterior. La IT se ha convertido así en un importante reto sanitario, económico y organizativo.

¿Por qué las cifras femeninas son mayores? En primer lugar, por la distribución desigual del empleo. Las mujeres tienen una presencia destacada en sanidad, servicios sociales, educación, comercio y cuidados. Son actividades que combinan, cada una en su medida, diversas exigencias físicas, movimientos repetitivos, trabajo emocional, atención continuada y exposición al estrés. La carga física no desaparece porque el trabajo se realice en un hospital, una escuela o una residencia en lugar de una fábrica.

En segundo lugar, influyen los problemas de salud y su evolución. Los trastornos músculo-esqueléticos y los problemas de salud mental pueden requerir periodos de recuperación más prolongados. Además debemos considerar enfermedades específicas de la mujer, como por ejemplo la dismenorrea, la endometriosis y determinadas circunstancias relacionadas con la salud reproductiva.

Por si no fuera suficiente, a edades intermedias la actividad profesional coincide con frecuencia con la crianza de los hijos y el cuidado de familiares mayores dependientes.

Sin embargo, no todas las diferencias pueden atribuirse al sexo biológico, porque las condiciones laborales y sociales condicionan tanto la aparición de problemas como la posibilidad de recuperarse.

La edad tiene su importancia. A medida que vamos cumpliendo años, las enfermedades crónicas y las limitaciones funcionales también aumentan, y como consecuencia las bajas pueden asimismo prolongarse. En España se ha observado que a partir de los 44 años, el factor edad influye especialmente en la duración de estos procesos. Por si no fuera suficiente, a edades intermedias la actividad profesional coincide con frecuencia con la crianza de los hijos y el cuidado de familiares mayores dependientes.

Esta última cuestión resulta esencial. Según el INE, en 2025 las mujeres representaban el 73 % de las personas ocupadas a tiempo parcial en España. La parcialidad, por sí misma, no causa incapacidad temporal, pero refleja desigualdades en las oportunidades laborales y en el reparto de los cuidados. La doble carga dificulta el descanso, agrava el agotamiento y complica la recuperación.

Reducir la incapacidad temporal exige prevención, plantillas suficientes, adaptación de puestos, atención temprana a la salud mental y políticas eficaces de conciliación. La baja laboral no debe entenderse como un fallo individual, sino como una señal que invita a examinar cómo trabajamos. Porque repercute en el bolsillo de todos.

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