Ossip Bernstein salvó la vida por el ajedrez

SUEÑOS DE OLIMPIA

Publicado: 26 oct 2026 - 04:50
El ajedrecista ruso Ossip Bernstein durante un torneo tras la II Guerra Mundial.
El ajedrecista ruso Ossip Bernstein durante un torneo tras la II Guerra Mundial. | La Región

La suerte puede cambiar nuestra vida en segundos. Incluso burlarse de forma cruel. Tal fue la experiencia del ajedrecista ruso Ossip Bernstein.

Entre 1917 y 1923, Rusia sufrió una terrible guerra civil entre el Ejército Rojo de Lenin y una coalición denominada Ejército Blanco. La codiciada ciudad ucraniana de Odesa era “roja” en enero de 1918, controlada por la temida policía -la ‘Checa’- del despiadado Félix Dzerzhinski. Su objetivo era “exterminar” toda oposición al comunismo. Sin acusación, cargo o juicio previo.

Entre esos “enemigos del pueblo” se encontraba Ossip Bernstein, afamado abogado y asesor financiero moscovita. También era un extraordinario ajedrecista aficionado, campeón del torneo de Maestros de Ostende (1907) y del Torneo de Moscú (1911).

Huyendo de la capital con su mujer y dos hijos, Bernstein fue detenido en Odesa y condenado a muerte. De pie, ante un pelotón de fusilamiento, un oficial se tomó la molestia de repasar los nombres y preguntó: “¿Usted es el ajedrecista Ossip Bernstein?”.

Su estado físico -famélico y asustado- era tan lamentable que la respuesta no convenció al militar, quien sacó un tablero de ajedrez y lo retó a una partida: “Si usted gana, quedará libre. Si usted pierde o hay tablas, será fusilado”.

Temblando de frío y miedo, Bernstein derrotó al oficial en pocos movimientos. Logró su libertad. No hubo piedad para el resto. La suerte de Ossip fue coincidir con un oficial fanático por igual de la Revolución y del ajedrez. Con poder absoluto sobre el destino de los reos.

Bernstein reagrupó a su familia y huyó en barco a Francia. Ocultó el suceso hasta 1946. Traumatizado por lo vivido, avergonzado por ser el único elegido.

En la España franquista tuvo refugio y calma

El niño español Arturo Pomar y el maestro ruso Ossip Bernstein, ante el tablero de ajedrez.
El niño español Arturo Pomar y el maestro ruso Ossip Bernstein, ante el tablero de ajedrez. | La Región

En 1940 Alemania invadió Francia. Ser judío suponía persecución y muerte. Los Bernstein planearon la fuga. Primero se desplazaron hacia el sur galo. En 1942, el sexagenario Ossip y Wilma cruzaron los Pirineos a pie.

En pleno invierno, durmiendo en cuevas por el día. Trepando y caminando por la noche. Angustiados por el destino de sus hijos, detenidos por la Gestapo y trasladados a campos de trabajo. Tras pisar suelo español en la aduana de Gerona, Ossip sufrió un infarto, la factura a tan descomunal esfuerzo.

Los pactos entre España y Alemania obligaban a devolver a tan preciado personaje. Una vez más, Bernstein topó con un personaje singular.

El gobernador civil de Gerona entonces era Francisco Díez Ticio, valiente capitán durante la guerra y poco germanófilo. Implorado por Wilma y por la burguesía bancaria catalana, que conocía bien a Bernstein, impidió su devolución a Francia o el traslado a otra prisión. Ordenó su ingreso en un hospital de Barcelona, donde pudo recuperarse y recobrar la libertad, un año después.

La estancia de los Bernstein en España fue plácida y regeneradora. Curioso, siendo un matrimonio judío persiguido por los nazis en la España franquista.

Ossip frecuentó el Club de Ajedrez Barcelona, donde jugará más tarde contra el campeón español Antonio Medina o el niño prodigio Arturito Pomar. También coincidió con su compatriota, el gran Alexander Alekhine (compleja relación que trataremos en el próximo Sueños).

Terminada la II Guerra Mundial, los Bernstein volvieron a París sin impedimento. Allí se reencontraron con sus hijos, milagrosamente vivos.

La suerte, una vez más, a favor de Ossip Bernstein.

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