Jacinto Seara
¿Realmente es un futuro negro para la humanidad?
CAMPO DO DESAFÍO
El presidente Sánchez estiró la cuestión del adelanto electoral hasta ayer lunes. Solo cuando los decretos de la vivienda decayeron, confirmando la “traición” de los máximos beneficiarios de la amnistía, al fin y al cabo clave de bóveda de su investidura y de las consiguientes pesadillas con el Poder Judicial, consideró que el interés general quedaba diagnosticado y, en consecuencia, era oportuno dar la palabra a los electores. Ahora, os tempos son chegados.
El interés general o cosa asimilable aparece ahora ligado a la espoleta activada por Maricarmen y su desahucio con marcha atrás. Sánchez quisiera subir los decibelios del tintinear de llaveros de los inquilinos angustiados para contrarrestar la agotadora y frustrante travesía de tres años. Pero la derrota de los decretos de la vivienda, como la imposibilidad de sacar adelante los presupuestos o el bloqueo inmisericorde de las comunidades autónomas a casi cualquier medida propuesta desde Moncloa, hacía inviable el ejercicio de gobernar. El hielo alrededor de Sánchez formaba ya una capa imposible de romper con la limitada potencia de la coalición.
El hielo alrededor de Sánchez formaba ya una capa imposible de romper con la limitada potencia de la coalición
No solo el Gobierno estaba bloqueado. El ambiente general, el de la sociedad española, está tan electrizado que la convocatoria electoral es la toma de tierra imprescindible para descargar la tensión acumulada. La demoscopia señala, sin posibilidad de error, la tendencia consolidada en la intención del voto hacia las derechas y el progresivo declive del PSOE, junto al destino marginal de Sumar y Podemos. El macizo de la raza se prepara para dar un tremendo golpe de timón a las hechuras y dinámicas del país. Una sacudida de sentido correctivo, con la inmigración, la reducción del estado del bienestar, la recentralización política y la redefinición de los alineamientos exteriores como arietes de las nuevas, y tan viejas, políticas.
Nada más lejos de mi intención que dar por muerto al tantas veces redivivo Pedro Sánchez, pero no veo ni en el azuzado temor a las derechas ni en las dosis de demagogia o el infantil apoliticismo de los concentrados por una vivienda asequible, la madera suficiente, ni la más conveniente, para impulsar la fatigada máquina del progresismo español. El tintineo de los llaveros, elevado al aire otoñal de las calles y plazas españolas, pone fondo sonoro a un adiós anunciado, a una impotencia arrastrada en el tiempo, inocultable como en los casos de Ceuta o los decretos de la vivienda, y maquillada con capas de promesas siempre aplazadas y golpes de efecto; un catálogo hoy ya agotado.
La razón no consigue racionalizar del todo lo que nos pasa, el malestar que justifica el odio o el insulto y la incomunicación entre quienes piensan diferente. Algo profundo parece roto o profundamente dañado. El interés general debiera ser capaz de restaurarlo.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Lo último
LOS TITULARES DE HOY
La portada de La Región de este martes, 6 de octubre
ORÁCULO DAS BURGAS
Horóscopo del día: martes, 6 de octubre
RECORD DESCARGAS ELÉCTRICAS
Este domingo cayeron en España más de 83.000 rayos