Benito Iglesias
España no aguanta más, ¡elecciones ya!
UN CAFÉ SOLO
Cuántas veces habremos sentido que odiábamos a alguien? De todas ellas, ¿cuántas a personas que ni conocíamos? Y en ese odio percibido, ¿hasta dónde hubiésemos sido capaces de llegar? Cada cual tendrá sus respuestas y, probablemente, también su propia definición sobre qué significa realmente odiar. Para la Academia de la Lengua es “antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea”. En ese caso, ¿qué condiciones consideramos aceptables para validar ese deseo que, sin control, es capaz de destruir tanto a quien lo alimenta como a quien lo provoca? Comprendo el odio hacia la persona que, conscientemente, te ha herido profundamente a tí o a tus seres queridos, pero incluso ahí resulta imprescindible poner un límite para que no se imponga una eterna ley del talión, de la que nadie podría salir ileso.
Aunque es otro tipo de odio el que ya ha empezado a destruirnos. El que hace que que dos jóvenes de 18 y 19 años agredan brutalmente a una persona sin hogar en un parque, el que lleva a cinco varones, dos menores de edad, a atacar a un joven de origen magrebí o el que empuja a un grupo a patear y golpear al grito de “maricones fuera”. Son esas inquinas hacia un enemigo desdibujado y deshumanizado, cosechadas por otros, las que nos empujan al abismo.
Los incidentes de racismo y xenofobia se sitúan a la cabeza de la lista, con un aumento del 16,1 %.
En una escena de la mítica película Gilda de Charles Vidor, su protagonista, interpretada por Rita Hayworth, le dice a Johnny Farrell (Glenn Ford): “¿Te interesa saber lo mucho que te odio? Te odio de tal modo que buscaría mi perdición para destruirte conmigo”. Y en ese tremendo lugar se van instalando cada vez más personas, jaleadas por líderes, no solo políticos, que han olvidado que su única función es la de trabajar para que todos nos podamos salvar y no para colocar cada vez más dianas en la espalda. Ni tampoco para señalar enemigos inexistentes ni para provocar constantes enfrentamientos entre quienes, en realidad, tienen muchas más cosas en común que diferencias.
El informe sobre la evolución de los delitos e incidentes de odio en España presentado por el Ministerio del Interior el pasado mes de junio señala que estos delitos aumentaron un 23,6 % en el 2025, lo que representa la cifra más alta de la serie histórica desde el 2014. Los incidentes de racismo y xenofobia se sitúan a la cabeza de la lista, con un aumento del 16,1 %. En segundo lugar, los delitos por orientación sexual e identidad de género y, en tercer lugar los de ideología, con un incremento del 64 % respecto al 2024. ¿Es ahí donde queremos estar? Estoy segura de que no. Así que deberíamos dejar claro que si, como Gilda, quieren esa perdición que sea únicamente la suya propia.
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