Iván González Decabo
DIARIO LEGAL
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El 30 de septiembre murió a los 24 años, hoy tendría 95,víctima de un accidente automovilístico. Esta muerte prematura lo elevó a la categoría de leyenda.
Fue el primer actor en recibir una nominación póstuma al Óscar como mejor actor.
Su madre había muerto cuando James era un niño y su padre lo envió a vivir con una tía. Con esta nueva familia, James recibió una educación cuáquera, guiado por los consejos y la amistad de un pastor metodista, a manos del cual parece que sufrió abusos. Este secreto, que Dean se llevó a la tumba, fue desvelado por su amiga Elizabeth Taylor una vez fallecido el actor.
Hay varias teorías sobre el accidente, algunas de ellas hablan de suicidio premeditado, pero nunca se ha demostrado nada
Se trasladó a Nueva York interesado por el cine y trabajó en pequeños papeles hasta que Elia Kazan le dio su gran oportunidad. Kazan le ofreció el papel principal en Al Este del Edén, guiado por su parecido con el personaje, introvertido, tosco, melancólico y apasionado. Por su actuación obtuvo su primera nominación al Óscar.
Después llegarían Rebelde sin Causa y Gigante, por esta última recibió una nominación póstuma.
Dean era un apasionado de las carreras de coches. Tal día como hoy de 1955 cogió su Porsche para ir a una competición y mientras conducía a gran velocidad, chocó contra un Ford Tudor que venía de frente. Se fracturó el cuello y perdió la vida en el momento.
Hay varias teorías sobre el accidente, algunas de ellas hablan de suicidio premeditado, pero nunca se ha demostrado nada.
Millones de jóvenes americanos se han identificado con los papeles de Dean, sobre todo con el personaje de Jim Stark, de Rebelde sin Causa. Era el típico adolescente de la época, que siente que nadie le entiende. Esto hizo de James Dean un ídolo eterno, a veces, incomprensiblemente.
Humphrey Bogart, por ejemplo, dijo de él: “Dean murió en el momento justo. Dejó una leyenda. Si hubiera vivido más, nunca habría podido estar a la altura de tanta publicidad”.
No podremos saberlo.
Suele utilizarse esta expresión para señalar la vulnerabilidad y fragilidad de algo o alguien, a pesar de tener una apariencia fuerte y sólida.
El origen de la locución la encontramos en el Antiguo Testamento, más concretamente en el Libro de Daniel (pasaje 2:26-45) en el que este profeta explica el episodio en el que el rey de Babilonia, Nabucodonosor, tiene un sueño en el que aparece una gigantesca estatua hecha por diversos elementos: la cabeza era de oro, el torso de plata, la cadera de bronce, las piernas de hierro y los pies eran de barro cocido.
En un momento dado, una piedra cae rodando hacia la escultura, chocando con los pies y haciéndola desmoronarse, debido a la fragilidad del elemento con la que se había hecho la base, por muy fuertes y sólidas que fuera el resto del cuerpo.
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