Luis del Val
Todos tenemos un ombligo
RECORTES
El juez Juan Carlos Peinado, titular del juzgado 41 de Madrid, lleva dos años investigando las actividades profesionales y personales de la mujer del presidente del Gobierno, cuando su departamento situado en la sexta planta de la Plaza de Castilla aceptó la denuncia cursada por Manos Limpias interpuesta contra Begoña Gómez en abril de 2024. Tiene 70 años y el primer día de enero se jubilará tras prolongar su carrera en la judicatura el máximo tiempo permitido. Despreciado y maltratado por el ministro que ha jurado defenderlo como parte de las obligaciones de la cartera que ostenta, lleva 30 años ejerciendo su magistratura desarrollada en destinos como Arenas de San Pedro, Talavera de la Reina, Toledo, Getafe y Madrid, aunque al principio fue secretario de Ayuntamiento. Ha impartido materias como Derecho y Periodismo en el CEU, y es hoy profesor de la Universidad Complutense de la capital.
Y uno no descarta que una firma editora ponga en el mercado un álbum de cromos con los magistrados en lugar de los jugadores más famosos
En definitiva, un juez veterano, reconocido y competente, extraído del anonimato, probablemente para su desgracia, como consecuencia de la instrucción de este procedimiento que afecta a la primera dama y a toda su corte de colaboradores y ayudantes.
La proliferación de los asuntos judiciales que últimamente se amontonan en todos los rincones de la candente actualidad ha conseguido que nos aprendamos los nombres y apellidos de los jueces instructores como si fueran estrellas del fútbol. Y uno no descarta que una firma editora ponga en el mercado un álbum de cromos con los magistrados en lugar de los jugadores más famosos.
Pues bien, el juez Peinado se ha ido tranquilamente a pasar unas merecidas vacaciones y ha dejado a su sustituto la decisión de permitir o denegar el uso del retirado pasaporte a Begoña Gómez, con carácter excepcional para acompañar a su esposo a la cumbre de Ankara y a la graduación de su hija en Londres. El sustituto no ha aceptado la primera petición como era natural y ha permitido la segunda como resulta menos natural, pero hay que arreglarse. Begoña es, a todos los efectos, una imputada como otra ciudadana cualquiera sobre la que se dictan medidas cautelares. Debería estar agradecida.
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