Cuatro cifras en la cuenta del chiringuito

CLAVE GALICIA

Publicado: 09 jul 2026 - 07:25 Actualizado: 09 jul 2026 - 07:25

Son una familia de "galeoneses" porque el día libre que les deja León lo pasan en Galicia. El destino se mantiene con el relevo generacional, sobre todo las Rías Baixas para el veraneo. Pasaron en O Grove las primeras ediciones da Festa do Marisco, y en octubre habrá servido 63, hasta que descubrieron Baiona y fijaron segunda residencia en agosto en la playa de A Concheira, el único arenal de todo el sur de Galicia de concha partida. Curiosa elección para colocar la toalla.

La abuela decía que en Baiona te recibían con alfombra cuando te alquilaban la casa y después te la iban retirando. Un año discutió con la señora que porfiaba con que las hormigas tenían que haber viajado desde León. "Cada una con su maleta", le respondió. Y para celebraciones cortas han repetido en el municipio ourensano de Leiro, el lucense de A Fonsagrada o el coruñés de Fisterra.

La abuela decía que en Baiona te recibían con alfombra cuando te alquilaban la casa y después te la iban retirando.

El colega de la pachanga que el chófer de anécdotas jugaba los jueves en León ha sido prolijo con el contexto familiar para no quedar de fodechincho, "en todo caso fodechincho do país". La retranca se pega. Ha pasado dos semanas en las Rías Baixas con la familia para recibir el baño anual de añoranza –ya no es agosto, ni todo el mes, ni están los mismos– aleccionando al nieto y ofrece "dos cuentas en vacaciones, un cuento ya me gustaría", al columnista del día que no ha podido bajar a la plaza.

Regresó con una factura de 76 euros. "Esta cuenta no está bien, no te la voy a pagar, pero lo siento por ti, por lo que no le cobraste a otra mesa", le dijo con mal sabor.

En un chiringuito de playa entre O Grove y Sanxenxo tomaron una ración de croquetas para el niño, un café, un agua con gas y una caña. Al pedir la cuenta el camarero preguntó por las bebidas porque la comida ya estaba anotada. Regresó con una factura de 76 euros. "Esta cuenta no está bien, no te la voy a pagar, pero lo siento por ti, por lo que no le cobraste a otra mesa", le dijo con mal sabor. En otra mesa no chirrió que la ensaladilla, los pimientos de padrón y otras raciones saliesen por 21 euros.

"Hay cuatro cifras", susurró días después a su mujer al asomarse a la dolorosa por los entrantes, el lenguado y la carne con botella de albariño en un garito de Baiona."No me tomes el pelo", desconfió ella mientras pasaba el escáner por la nota de 1.300 euros. "Le habían puesto 1.100 euros al lenguado, la dueña se rió al decírselo y ni se disculpó cuando le pagamos 170". Queda verano y cuentas.

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