El juramento hipocrático
TRIBUNA
Hace más de 20 siglos, un sabio griego llamado Hipócrates de Cos se convirtió en uno de los médicos más destacados de su época, siendo pionero en la promoción de la observación clínica y en el conocimiento de las enfermedades. Precisamente a él se atribuye el Juramento Hipocrático, el núcleo esencial de la profesión médica, que proponía entonces garantizar el bienestar del paciente, procurar evitar cualquier daño (primum non nocere) y promover la responsabilidad de preservar la dignidad humana. Estos valores son compartidos por los códigos éticos profesionales de todo el mundo. Porque la vigencia de este juramento va más allá de los médicos, implicando también a enfermeras, psicólogos, farmacéuticos y demás profesionales que comparten vínculos éticos con los pacientes.
Estos valores son compartidos por los códigos éticos profesionales de todo el mundo
Lo cierto es que la humanidad ha cambiado mucho desde Hipócrates. Ahora son habituales los dilemas sobre decisiones tan trascendentales como la eutanasia y el final de la vida, el acceso a tratamientos experimentales, la gestión de los recursos sanitarios en tiempos de pandemias y catástrofes, el papel de la inteligencia artificial (I.A.) en el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades, el respeto de los derechos y las decisiones de los pacientes y la necesaria protección de sus datos personales.
Hay por ahí quien propone incluso que los estudiantes de las ciencias de la salud, al pisar por primera vez sus escuelas y facultades, deban renovar simbólicamente este juramento cuyo valor se extiende más allá de los libros de Historia. Su espíritu continúa vigente en los centros de salud y los hospitales gallegos, desde la unidad técnica más compleja hasta el más modesto de los centros rurales. Porque el compromiso con el paciente, igual que en tiempos de Hipócrates, constituye el pilar invisible sobre el que se sustenta toda la práctica médica. En una provincia como Ourense, con una población envejecida y dispersa, la medicina debe ser fundamentalmente cercana. Y en atención primaria, la especial relación entre el médico de familia y los pacientes refuerza especialmente lo que el juramento defendía en su principio: la confianza y el respeto a la dignidad de cada persona. La medicina moderna defiende la atención personalizada. Nada nuevo, porque su valor y excelencia ya estaban contemplados en el Juramento Hipocrático.
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