Prohibido prohibir

Publicado: 16 feb 2026 - 04:10
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El famoso eslogan de los movimientos estudiantiles de los sesenta y setenta, de las luchas por los derechos civiles o contra la guerra del Vietnam era, todos lo sabíamos, una tontería. Un brindis al sol. Tenía su valor simbólico y metafórico por supuesto. Y sirvió para llenarnos los pulmones, el corazón y el alma de energía, y también para llenar las paredes de grafitis. Pero la verdad es que nadie se lo creía en serio.

Es imposible vivir sin prohibiciones.

En cuanto nace un niño le prohibimos absolutamente todo. Le prohibimos acercarse al fuego, meter los dedos en el enchufe, comer tierra, arrojarse por las escaleras, jugar con armas o beber lejía. Sin prohibiciones un niño se moriría en quince minutos. Mi hermana, muy arrojada ella, era una aventurera y con solo un año de edad se tiró por unas largas escaleras. Sobrevivió de milagro.

La idea de Pedro Sánchez de limitar el acceso a las redes sociales a los menores, algo muy difícil pero que ya están intentando hacer también otros países, no es tan disparatada

Otra historia. A mí me pilló mi padre un día de crío aporreando unos cartuchos de perdigones con un clavo y un martillo y casi me parte la cara (única vez que me pegó en su vida y fue por el susto que se llevó él). Tuve suerte porque aquellos cartuchos que para mí eran un misterio y había encontrado revolviendo por casa, eran tan viejos y estaban tan húmedos que gracias a dios no explotó ninguno. De otro modo me hubiera quedado con una cara llena de perdigones como el culo de una perdiz en una cacería franquista de “La escopeta nacional” de Berlanga. Y es que yo intuía que aquel botoncito plateado de la parte de atrás de los cartuchos, no sabía ni lo que eran los cartuchos, era importante y por eso me puse a martillarlo con un clavo. Es lo malo de la curiosidad. La curiosidad mató al gato, dicen los ingleses.

Muchos años después, siendo yo un joven dedicado a la pintura descubriría que son precisamente los límites del lienzo o los del papel (las prohibiciones) los que nos hacen crear algo en libertad. O sea que por suerte debajo de los adoquines no estaba la playa. Porque entonces hubiéramos pasado a ser de inmediato pequeños cangrejos huyendo desesperados de los ataques furibundos y salvajes de fragatas, alcatraces, gaviotas asesinas y otras aves rapaces marinas.

La idea de Pedro Sánchez de limitar el acceso a las redes sociales a los menores, algo muy difícil pero que ya están intentando hacer también otros países, no es tan disparatada. A fin de cuentas hemos construido nuestro mundo con prohibiciones: prohibido circular, prohibido aparcar, prohibido pasar, prohibido fumar, prohibido llevar armas… Y eso nos hace sociedades mejores ¿o alguien lo duda?

Yo, y no soy tan mayor, aun recuerdo bares y lugares de mi adolescencia que tenían colgado detrás de la barra un rótulo enorme bien visible que decía claramente: Prohibido cantar. Es más, recuerdo incluso el cartel de una tasca en la calle de los vinos de Ourense que decía así: “Prohibido ser del Barça”.

Ustedes dirán.

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