José María Eguileta Franco
DIARIOS DO PASADO
“Señor das moscas”, de William Golding
Aunque los españoles hayamos idealizado a Holanda (o mejor dicho, Países Bajos) considerándola el paraíso perfecto, convendrán conmigo en que los “Van” han puesto buen empeño para que los nombres de sus calles resulten impronunciables. Y muchas de sus instituciones también. Pero hete aquí que me he quedado con uno, después de una reciente conversación con un buen amigo. Ambos estudiamos juntos y frecuentamos algunas facultades santiaguesas, aquellas que apestaban a Ducados y en las que las asambleas estudiantiles dominaban el cotarro. Me contaba que su hija había cursado estudios en la Erasmus Universiteit de Rotterdam. Una universidad pública con una matrícula que no llega a los mil quinientos euros al año. Otra cosa es la estancia, pero el coste no se me antojó un disparate. Y menos, con el programa de estudios que propone. Resulta que imparten tan solo dos asignaturas bimestrales. Me explico. Cada dos meses, no hay más materia que la de dos asignaturas, que empiezan a impartirse al principio de un bimestre y terminan cuando éste concluye. Y así sucesivamente, hasta completar el expediente. ¿Vamos viendo la diferencia? Mi hija tiene trimestres de trece asignaturas. Cuando termina, exhausta, no estoy seguro de que haya podido profundizar en siquiera una. Me imagino que todas por los pelos, sin oportunidad de desarrollarlas, ni analizarlas, sin prácticas, sin escudriñar sus aplicaciones. Por cierto, allá, nada de empezar renqueando en septiembre, para ir cogiendo el ritmillo en octubre mientras uno se hace a las novedades de la previa nocturna… Nada de eso. Empiezan en agosto “a full” y hasta principios de julio no levantan el pedal.
¿Seremos capaces algún día de utilizar eficazmente nuestros recursos y centrarnos de una vez en la formación de verdadero talento? Parece como si el objetivo único fuera aumentar como sea el número de alumnos en formación universitaria. Esto, para muchos, es luchar contra la desigualdad. Ejércitos de universitarios abandonados en su progresión, con vocaciones ahogadas y desatendidos formativamente, para que ingenieros o sociólogos terminen firmando contratos precarios para repartir pizzas. Pero tranquilos. Joan Subirats, nuestro ministro de universidades, tiene un plan. El mismo que defendió el sabotaje “normal” a Ayuso en la Complutense, anuncia que plantea terminar de una vez por todas con la segregación sexista que persiste en la universidad y que es más propia del siglo XIX que de un país moderno y progresista como España. Es decir, que si quieres ser enfermera lo tienes claro, porque tendrán prioridad los hombres, que solo son el 18%. Y al revés, si eres chico y quieres ser informático, serás discriminado por tu sexo, ya que solo hay un 8% de mujeres estudiando informática. Pero ¿a qué juegas, Subirats?
Que disfruten con salud de lo votado.
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