La vie en rose

Publicado: 03 jul 2024 - 05:50

Me imagino una Francia desgarrada bajo la melancolía melódica de “La vida en rosa” (“La vie en rose”), banda sonora eterna e inmortal de Édith Piaf. Al fin y al cabo, los populismos, sean de extrema derecha o de extrema izquierda, siempre nos pintan la vida de rosa con el pincel cincelado de la demagogia. Así que España entera anda tarareando éxitos internacionales del extremismo, entiéndase Marine Le Pen en Francia y Donald Trump en EE.UU., para combatir la canción del verano, con letra y música de las corruptelas del poder y rimas facilonas de la máquina del fango ladradas por el dóberman de siempre.

A mí lo que me gusta del estribillo francés es la segunda vuelta, que clarifica el panorama, blinda el verdadero mandato del pueblo y evita la tergiversación de las urnas con trampas de mayorías antinaturales ajenas al programa electoral como ocurre en España a costa de la frustrada Ley de Amnistía. La vida en rosa que nos proponen los extremos, la receta de todo por el poder bajo engaño del pueblo, es la canción con la que la política camela al personal. Pero en Francia tienen al menos la segunda vuelta para votar a dos opciones finales, como en EEUU, lo que evita engaños y mentiras, sorpresas posteriores como la amnistía y el chantaje de un prófugo que condiciona a toda España desde la fuga y el borrado negligente e impune de sus delitos.

“La vie en rose”, que mola mucho con ese acentillo franchute tan sexy como chovinista, exalta el nacionalismo extremista tanto a la zurda como a la diestra. Y ese liberalismo indefinido e insulso que proclama el derrotado Macron ha sido humillado tanto por la extrema derecha de Le Pen como por la extrema izquierda de Melenchon, que tiene nombre de mosquetero trasnochado de revolución francesa. No me digan ustedes que la corriente más conservadora no sopla con la fuerza de una tempestad imparable desde Milei a Meloni, desde Trump a Le Pen, lo que es tan legítimo y legal como el huracán montado por el Frente Popular tanto en Francia como en España y otras democracias occidentales. Por ahora se adivina un enorme correctivo para la izquierda extrema, siempre intérprete voluntaria de la supremacía moral que se auto atribuye. Los resortes democráticos de la UE y del sentido común, como sucede con la Italia de Meloni, devolverán al redil de la democracia cualquier intento extremo de exclusión y autoritarismo. Y eso es algo que el partidismo miserable olvida a menudo al tratar como tontos a millones de electores que no votan lo que a algunos le conviene.

Anda Pedro Sánchez en su cruzada judicial y mediática contra la extrema derecha sin advertir ni percibir que él representa el mismo extremismo populista justo a la izquierda del pensamiento único. Quienes crean que lo de Francia le da oxígeno al relato electoral sanchista deben tener en cuenta que también corre el riesgo de ser arrasado por la corriente que se extiende en Europa, EEUU o Argentina. Y en ese armónico éxito político, “la vie en rose” suena como un himno de liberación, de libertad, que ignora las canciones para después de una guerra ya olvidada.

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