Roberto Fernández Álvarez
La estrategia frente al radón por la Diputación
CRÓNICAS DE VERANO
La mayor concentración de guapos de la última semana se produjo el pasado 30 de junio durante la III Edición de los Premios Academia de la Moda Española en el Gran Teatro Príncipe Pío de Madrid. Indescriptible la belleza y elegancia de Jady Michel, Paula Vázquez, Lorena Gómez, Desiré Cordero, Helen Lindes, Mónica Cruz, o Daniela Blasco. Pero si, como de costumbre, he de quedarme con mi pareja de baile ideal para esa noche, el galardón recae, por todas las razones, en la espectacular elección de la actriz Ana Fernández. No por casualidad el vestido pertenece a una colección de Pedro del Hierro que lleva por título “Leyenda del Tiempo”. Viendo a Ana, imposible no recordar al John Ford de “El hombre que mató a Liberty Valance”, cuando el periodista descubre que la historia de Ranson Stoddard no ocurrió como todo el mundo creía, y entonces sentencia el género western y el periodismo de un solo disparo para la posteridad: “Cuando la leyenda se convierte en un hecho, imprime la leyenda”.
Hacienda ya no somos todos. Tampoco en Italia la mafia son todos. Esta semana han empleado la maldita moda ejemplarizante diseñada años atrás por Cristóbal Montoro para publicitar la lista de grandes morosos y enviar a condena pública y mediática a unos cuantos famosos; en general, famosos que casualmente no le son del todo propicios al Gobierno. Para colmo, la información era incorrecta, al menos en lo que respecta a Antonio Banderas y Patricia Conde, cuya imagen, de todos modos, ya ha ilustrado cientos de noticias desde que se difundió la lista. El actor ha emitido un comunicado muy elegante recordando que es la tercera vez que se confunde el nombre de su hermano con una persona que figura en la lista de morosos de Hacienda. Por su parte, la rubia más famosa de los 2000, ha salido también al paso de las calumnias y vergonzantes cacerías: su nombre figura en la lista por un error administrativo, el asunto al que se hace referencia en la prensa quedó “resuelto en 2023”. Propósito número 1 para el primer día después de Pedro Sánchez: entrar en la Agencia Tributaria y vaciar, fumigar y desmantelar la mafia de las sanguijuelas político-fiscales.
El final de la historia de amor entre Ana Mena y Óscar Casas está tomando tintes cinematográficos. El pasado domingo actuó en Madrid en el Iberdrola Music Festival y todas las miradas de los cronistas se fueron al público, porque allí lucía la bella Begoña Vargas, a la sazón, exnovia también de Óscar Casas. Alaban los que saben de esto el look festivales de la actriz madrileña y, ciertamente, no es para menos. En cuanto a lo que ocurre en el escenario, esta vez Ana Mena terminó el show sin lágrimas, al contrario que unos días antes, en el Festival Big Sound de Valencia, recién confirmada la ruptura, cuando no pudo contener la emoción al interpretar “Lárgate”.
Da igual la edad. Carmen Lomana sigue siendo una guía de estilo andante. Da igual que sea para visitar a mis amigos de Las Mañanas de Kiss FM, a Pablo Motos en El Hormiguero, o para asistir al estreno de “Il Trovatore” en el Teatro Real de Madrid, como el pasado lunes. Comparas la elegancia del vestido de Carmen Lomana con el traje amarillo subrayador-muerte-por-limonada de Sarah Santaolalla y, sinceramente, mejor ahórrate la comparación. Dice la prensa especializada más educada que el atuendo elegido por la tertuliana con cabestrillo para ir al teatro era “llamativo”. No hay nada más cabrón que un periodista sutil.
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