El llamado “timo de la baliza”

TRAZADO HORIZONTAL

Sobre seguridad, infraestructuras y mantenimiento. Los ciudadanos están hartos de pagar por todo sin garantías.

Una baliza V16 sobre un coche accidentado.
Una baliza V16 sobre un coche accidentado.

Hay un desencanto generalizado en España en relación con las comunicaciones, las infraestructuras y su mantenimiento. Los accidentes de Adamuz (45 muertos) y Cataluña (1 muerto) han generado una psicosis comprensible dado el caos ferroviario, los bandazos gubernamentales, los fallos en rodalies y la falta de asunción de responsabilidades. Cuando hay un accidente aéreo también aumenta el miedo a viajar en avión. Y cuando hay un grave accidente de tráfico, se instala en el ánimo social el temor al coche, el autobús y las carreteras, cuyo mantenimiento, dicho sea de paso, deja mucho que desear como el de la red ferroviaria. Ahora, eso sí, cuando se trata de sacarle dinero a los usuarios bajo la excusa de la seguridad, el Estado no escatima en cargar la factura al bolsillo del contribuyente como en el caso de la baliza V16.

Se supone que los guardias civiles que inventaron las balizas, la DGT, Interior y todo el entramado empresarial de alrededor actúan con la mejor de las intenciones en previsión de accidentes para salvar vidas. Pero cuando ocurre una tragedia como la de Adamuz comprobamos que la conservación de las infraestructuras no se ha tomado en serio, lo cual es negligencia. Usuarios y agentes de la Benemérita dicen que la baliza V16 no tiene suficiente visibilidad y no evita el riesgo de accidente en caso de avería o similar. De modo que ahí estamos los sufridos conductores pagando un pastón para ponernos al día con las balizas en previsión de futuras multas, aunque la DGT haga la vista gorda, por ahora, sin retirar los famosos triángulos.

El llamado “timo de las balizas” se asemeja mucho al timo de multas e impuestos, pues parece más un negocio recaudatorio que de seguridad y disuasorio. Por eso cabe preguntarse quién se beneficia de los 30 euros por baliza, y a dónde van los ingresos. Indaguemos sobre la patente, las comercializadoras y la recaudación de Hacienda, porque para conocer la verdad hay que seguir el rastro del dinero. Pero a la vista de lo que sucede en España quizás fuera mejor hacer un crowfunding preventivo nacional para mejorar la seguridad del transporte ferroviario, aéreo y por carretera. Un país avanzado no se puede permitir tanto mercantilismo, mientras se olvida lo principal: el bienestar y la seguridad de sus ciudadanos. Y eso pasa con otros aspectos de la realidad geopolítica como el rechazo sanchista al aumento del gasto militar del 5 % para sostener un relato ideológico anti Trump con el que ocultar el fango de este tiempo. O pasa también con la regularización masiva de inmigrantes para que no se hable de la tragedia de Adamuz y garantizar a Sánchez unos meses más en La Moncloa.

El coste del nuevo dispositivo unido a la falta de transparencia siembra dudas y estimula las sospechas del ciudadano

Cuando repasamos quienes han gestionado el ministerio de Transportes, la mayoría de los españoles piensa que, a cierta clase dirigente, no toda, poco o nada le importan sus ciudadanos. Es decir, como para fiarse de esta tropa con el llamado “timo de la baliza” que, aun siendo tema distinto, supone un esfuerzo económico para una sociedad sometida a un impositivo fiscal que no se nota en las infraestructuras y la seguridad mientras crecen la deuda y el agujero de las pensiones.

No es demagogia denunciar el foco de corrupción presunta detectado por la UCO y los jueces en el ministerio de Transportes, donde camparon a sus anchas la imputada Pardo de Vera y los encarcelados Koldo y Ábalos, quien ha dejado su acta de diputado para dilatar años su juicio. No es demagogia expresar el clamor social contra Sánchez, Puente y sus confusas versiones, como se hizo con Mazón en la Dana. Los tribunales establecerán responsabilidades penales en lustros, pero mientras tanto existen las responsabilidades políticas que la izquierda pide cuando la tragedia toca de cerca al PP, pero que no se aplica a sí misma en catástrofes parecidas o similares.

El llamado “timo de la baliza” es otra muestra más del abuso al que está sometida España, sin credibilidad gubernamental, sin presupuestos desde hace 3 años, con enorme desigualdad territorial y social en favor de Cataluña y Euskadi, y con muchas más sombras que luces en una gestión nefasta que requiere tratamiento de choque y remedios urgentes. Por eso ojalá que en el futuro no tengamos que lamentar un accidente por fallos de visibilidad y telemáticos en la conexión de la baliza V16 a la DGT. El coste del nuevo dispositivo unido a la falta de transparencia en su homologación, y sumado a la ausencia de control en su venta por internet en ocasiones sin conexión con Tráfico, siembra dudas y estimula las sospechas del ciudadano sobre el componente empresarial de negocio que tiene el llamado “timo de la baliza”. En el fondo, estamos en manos de los gobernantes sin que nadie asuma responsabilidades en caso de accidentes graves como el de Adamuz. Ni los familiares de las víctimas han querido dar cobertura al funeral laico del Gobierno ni el galgo de Paiporta se atrevió a ir al funeral religioso. Y mientras tanto, Puente reprocha al investigador que cuente la verdad de la tragedia de Adamuz porque desmiente las versiones oficiales contradictorias y opacas. Porque el eslogan electoral que demanda la sociedad es este: si quieres que España funcione, vota gestión, vota honestidad.

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