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EL ÁNGULO INVERSO

Publicado: 01 feb 2026 - 04:40
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(El jueves algunos de mis colegas y yo fuimos al Foro de este periódico. Fue interesante. El escritor Juan Carlos Alonso presentó su libro “El último maqui”).

Ayer, viernes, nuestra tertulia trató sobre los “huidos”, los que se echaron al monte. Recordé que hay una página olvidada: el intento de más de 4.000 maquis por rescatar España de los crueles años del franquismo, allá en el año 1944.

Recordé mis tiempos en París, en la tertulia del Café Les Deux Magots. Por allí andaban Amancio Prada, Paco Ibáñez y otros; acudían los insumisos, huidos del servicio militar obligatorio; y quizá los últimos republicanos exiliados.

Allí conocí a Adrián, que participó en aquel intento fallido de reconquistar España: “Nos organizó el Partido Comunista: armas, uniformes... y allí entramos, por los Pirineos. Fuimos unos ingenuos. Pensamos que en seguida la población se uniría a nosotros y podía caer el odiado caudillo”.

La verdad es que aquella invasión fue un fracaso total.

La población sobrevivía en la dura posguerra. Había habido muchos muertos y había mucho miedo. Encima, Franco envió nada menos que a Moscardó y Yagüe, con los terroríficos soldados africanos.

“Hubo escaramuzas pero tuvimos que retroceder, cada uno como pudo”. Hay que joderse, era 1972 y Adrián aún estaba convencido de que el dictador iba a caer en breve.

Pero hablemos del mítico maqui ourensano, Camilo de Dios. Su íntimo amigo, Augusto Valencia, me facilitó varios encuentros con él en su casa de Sandiás. Había leído informaciones confusas sobre sus años de resistencia, e intenté aclararlas con él.

Camilo, su hermano Perfecto y su madre huyeron por una ventana cuando les pisaban los talones los falangistas y la Guardia Civil, al final de la Guerra.

Pero mi intención era saber qué ocurrió aquel 18 de marzo de 1949, víspera del Día del Padre. Sobre todo, me interesaba saber qué falló y qué errores cometieron. Los historiadores difieren sobre lo ocurrido.

Aquel día, Camilo y cuatro compañeros bajaron a Ourense bien armados para ejecutar a dos fulanos con fama de verdugos. Todo estaba organizado. Sus cómplices les cobijaron e instalaron su centro de operaciones en Montealegre. Aquel día festivo las calles de Ourense estaban abarrotadas. Dos maquis bajaron hacia el cine Xesteira donde alguien les diría dónde encontrarlos.

En su casa de Sandiás tardó en contármelo, casi avergonzado. Es verídico. ¡Ay, la condición humana! Después de que los dos maquis recibieran la información, uno de ellos sugirió a su compañero: “Llevamos meses en los montes, la ciudad está llena de gente, nadie sospechará. Vámonos a la calle Villar”.

Tanto tiempo sin palpar a una mujer... Allá se fueron.

Ay, amigo, eran tiempos de chivatos y sus ojos vigilantes descubrieron quiénes eran. Les delataron.

Después, en Montealegre, rodeados, bien armados, se defendieron con bombas de mano. Guardias civiles y soldados los acosaron. El resto es conocido.

Se refugiaron en una casa cerca de la Plaza de As Mercedes. Mucha gente de la ciudad presenció el tiroteo.

Uno logró esconderse en una barbería, otro atravesó el Miño y fue detenido. Camilo me contó que se despertó encadenado en un calabozo. Le pidieron pena de muerte, sufrió todas las torturas y conoció las celdas mojadas de todas las prisiones del país.

(Inevitable contarlo. Camilo falleció el 17 de diciembre del año 2019. Los restos de su hermano Perfecto fueron descubiertos en 2015 por una ONG nórdica en un pueblo de Ávila. En su entierro en Sandiás, estábamos el escultor Acisclo, Augusto Valencia y yo. Cierto, allí vimos la estampa de las dos Españas. En la puerta del cementerio el párroco esperaba con gesto adusto, pero la expedición, con el sencillo ataúd, avanzó casi empujándolo. “Por lo menos, un Padrenuestro”, dijo el cura. Ya en la tumba, lo intentó de nuevo. Pero justo ahí comenzó a sonar en un altavoz el mítico himno “La Internacional”).

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