Llegan las rebajas (¿o las "realtas"?)

Publicado: 14 jul 2025 - 06:11
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H emos llegado al mes de julio. Nuestros móviles y nuestras redes sociales se saturan de memes de nuestro más celebre cantante, D. Julio José Iglesias de la Cueva. Los grupos de WhatsApp, los grupos de Telegram y en general todas las redes arden con frases acompañadas de fotografías del autor de “Un canto a Galicia”. Las tonterías son de un nivel altísimo y superan el culmen de la estupidez: “se viene Julio”, “parece que Julio viene heavy”, “Julio ya está entrando en calor”, “Julio viene volando”, “por fin llegó Julio, pero no se ve nada bien”, etc. etc. etc.

No pretendo desde aquí frenar el consumo, sino todo lo contrario, siempre y cuando las rebajas sean una oportunidad para nosotros y que no seamos nosotros la oportunidad, especialmente para los grandes “rebajadores”

Junto a este aluvión de “chistes” de elevado nivel intelectual, leía uno esta semana donde aparecía nuestro amado exportero del Real Madrid con dos mujeres de baja estatura y una frase que decía: “ya están aquí las rebajas de Julio”. Pues de eso versa el artículo de hoy, de las rebajas de Julio, bien es cierto que ahora ya no son como antaño. Hace más de 40 años las rebajas de verano eran algo excepcional y esperado por muchos consumidores. Nuestros progenitores, en su mayoría de escasas carteras, aprovechaban esas fechas tan señaladas para comprarnos algún bañador y ropa fresca para soportar los duros calores que se apoderaban de nuestra ciudad. Hoy tenemos rebajas, promociones y descuentos durante casi todos los meses del año, tanto en tiendas físicas, como en tiendas online. Sin embargo, detrás de algunas de estas “gangas” se esconden malas intenciones, engaños e incluso estafas.

Según Asufin (Asociación de consumidores especializada en la protección del usuario financiero), y tras realizar un seguimiento de los precios de algunos productos (electrodomésticos, ropa, calzado y productos tecnológicos) en las semanas previas a las rebajas, ha detectado subidas de precios, para posteriormente desembocar esta última semana en unos precios rebajados sobre las precedentes subidas y que prácticamente anulan o neutralizan el efecto del precio reducido. Esto es el resultado de la denominada política de “precios dinámicos” (ya estamos de nuevo bautizando a las irregularidades con bondadosas nomenclaturas que encubren una mala praxis) practicada por multitud de grandes compañías buscando sin duda confundir al consumidor.

Asufin nos brinda algún ejemplo práctico concreto, como es el mercado de los ordenadores portátiles. El precio de la semana pasada era un 11% más caro que hace un mes, por lo que, si ahora acudimos a un precio rebajado en un 11%, estaremos pagando lo mismo que pagábamos hace cuatro semanas. Este ejemplo lo podríamos hacer extensible, por su gran similitud, a televisores, móviles o pequeños electrodomésticos.

Por defecto, los que ya tenemos una edad, asociamos más las rebajas a la compra de calzado y ropa. Pues resulta que en estos artículos la misma política. La ropa también era más cara la semana pasada que hace un par de meses.

Pero todavía hay más. Según Rubén Sánchez, portavoz de Facua-Consumidores en Acción, en su libro Timocracia, nos desgrana algunas de las prácticas de dudosa reputación utilizadas por determinado comercio en este período de desenfreno consumista y que todos hemos vivido en alguna ocasión. Venta de productos con taras, liberación de stocks de antiguas campañas, mezclar productos rebajados y no rebajados, cartelería excesiva que ocupa mucho más espacio en las tiendas que los productos rebajados, reducción de los períodos de garantía, líneas fabricadas exclusivamente para este período, etc.

No pretendo desde aquí frenar el consumo, sino todo lo contrario, siempre y cuando las rebajas sean una oportunidad para nosotros y que no seamos nosotros la oportunidad, especialmente para los grandes “rebajadores”.

El origen de las rebajas, tal y como las conocemos hoy, surgió (como casi todo) en Estados Unidos a principios de la década de 1930. La gran depresión de 1929 había dejado grandes inventarios en muchos comercios que había que rentabilizar para huir de las pérdidas y ya de paso atraer a los clientes. Que mejor manera que ofrecer los mismos productos a precios más bajos.

Posteriormente las rebajas pasaron a ser una manera de liquidar stocks de temporada. Se supone que los negocios ya habrían ganado el margen correspondiente con el volumen de ventas de los meses anteriores y ante las últimas piezas o artículos de esa estación, simplemente reducirían sus márgenes en favor de sus clientes. Esta debería ser la idea. Yo te ayudo a vaciar tu almacén y tú a cambio me premias con un ahorro en mi compra.

Recientemente el Ministerio de Consumo anunció importantes sanciones a siete grandes empresas por falsos descuentos en el Black Friday. ¿Cuál fue su delito? Inflar los precios un par de semanas antes, para después volver a recuperar los precios iniciales llegada la fecha de la venta. Esta práctica incumple la Ley del Comercio Minorista cuyo texto dice que para realizar un descuento se debe utilizar como precio de referencia el más bajo del artículo en los últimos 30 días. En cualquier caso, sanciones minúsculas para multinacionales mayúsculas. Multas ya presupuestadas en sus cuentas de resultados como un gasto corriente más. Volvemos a lo de siempre, determinados delitos siguen saliendo demasiado baratos en este país.

Para finalizar, un consejo si me lo permiten, acudamos a las rebajas, especialmente en el pequeño comercio, defendamos nuestro comercio, el comercio local, el comercio de cercanía, el comercio de Ourense, pero por favor, que el comercio local también nos defienda a nosotros y así ganaremos todos, que ese es en definitiva el objetivo final de las recién iniciadas rebajas de julio.

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