Jenaro Castro
TRAZADO HORIZONTAL
El decisivo factor andaluz
En los últimos cuatro años ha habido casi 40 fallecidos en incendios en viviendas o en locales de ocio. Los más llamativos han sido una discoteca en Murcia (en 2023), donde fallecieron 13 personas, y un edificio de viviendas en Valencia (en 2024), con 10 fallecidos. Y todos tenemos en la retina el incendio ocurrido en la estación de esquí de Crans-Montana (Suiza) en la noche de fin de año, donde fallecieron 41 personas y más de 100 quedaron con heridas graves. En España, además, hay todos los años personas que pierden la vida en su domicilio por incendios domésticos, bien por los daños del fuego, bien por la inhalación de gases de combustión.
Muchas de estas muertes podrían haberse prevenido si se extendiera la obligación de utilizar “materiales resistentes al fuego”. Estos materiales en realidad no resisten “ser quemados”, se queman, pero en ellos se retrasa la ignición y cuando empiezan a quemarse, lo hacen a una velocidad mucho más lenta que los materiales convencionales. Lo suficientemente lenta para que las personas que están atrapadas en un local o un vehículo tengan tiempo de salir y salvar su vida. Estos materiales, además, se desarrollan teniendo también en cuenta el tipo de gases que se emiten al quemarse, con lo que también se minimizarían las muertes por inhalación de gases. ¿Por qué no se utilizan estos materiales, sustituyendo a muchos polímeros convencionales usados en construcción y que se queman a una gran velocidad y con emisiones letales? La única respuesta plausible es el coste. Pero ¿cuál es el coste de una sola vida humana?
Por ejemplo, una nueva generación de electrolitos para baterías de Ion-Li resistentes al fuego y carcasas de baterías sostenibles y resistentes al fuego, para minimizar los riesgos de deflagración de las baterías, por ejemplo, de móviles, en ciertas condiciones de altas temperaturas.
En el Instituto IMDEA Materiales hay un grupo de investigación especializado en materiales resistentes al fuego que han desarrollado no solamente polímeros que entran en esta clasificación, sino otras familias de materiales que permiten aumentar la seguridad de personas y cosas. Por ejemplo, una nueva generación de electrolitos para baterías de Ion-Li resistentes al fuego y carcasas de baterías sostenibles y resistentes al fuego, para minimizar los riesgos de deflagración de las baterías, por ejemplo, de móviles, en ciertas condiciones de altas temperaturas. O recubrimientos para el aluminio, resistentes al fuego aplicable también a los paneles de aluminio habitualmente utilizados en carcasas y cajas protectoras de baterías. Estos recubrimientos se han ensayado y demostrado su eficacia a más de 1.400 grados centígrados, y con espesores de apenas 350 micras (en un milímetro entran 1.000 micras).
La última novedad desarrollada por este grupo de investigación, va más allá de estos avances. En colaboración con la Universidad Politécnica de Hong Kong han publicado recientemente un trabajo en “Nano Materials Science”, donde dan a conocer un nuevo recubrimiento para materiales de construcción, basado en un compuesto polimérico (resina de poliuretano) cargado con esferas de sílice con una morfología de microdendritas (como las ramas de un árbol).
Estos materiales son capaces de reflejar hasta el 95% de la luz solar y emitir el 95% de luz infrarroja. Esto significa que este recubrimiento puede bajar la temperatura del edificio más de 7 grados respecto a la temperatura ambiente. Además, se ha comprobado que la adición de estas esferas al poliuretano, también mejora mucho su resistencia al fuego. Las consecuencias son: una drástica reducción del consumo energético (mejor aislamiento) y, simultáneamente, un mejor comportamiento frente al fuego. Estos resultados invitan a desarrollar nuevas estrategias a la hora de diseñar materiales de construcción, ya que combinamos eficiencia energética con seguridad. Este trabajo fue financiado con un proyecto conjunto de la Unión Europea y de la Agencia Estatal China de Investigación. Una vez más, se demuestra como la ciencia sirve para mejorar la vida de los ciudadanos.
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