Arturo Maneiro
PUNTADAS CON HILO
Es el momento de la gestión
PUNTADAS CON HILO
Parece que no queda ninguna duda. España vive un momento histórico en el que es muy necesario contar con una buena gestión de los asuntos públicos. Las últimas tragedias ferroviarias han puesto muy de relieve, muy en primer plano, muy en evidencia que los servicios públicos dependientes del Gobierno no están bien gestionados. Los últimos informes conocidos sobre la seguridad en los trenes de alta velocidad solo ayudan a incrementar el pavor. La seguridad no está garantizada y no parece que se vaya a conseguir en mucho tiempo.
¿Este sector es tan importante como para considerar que la falta de seguridad en él suponga un problema de gestión en el conjunto del país o es una exageración? Quizás no lo es todo, pero les afecta a millones de ciudadanos. En el año 2025, el sistema ferroviario español, en su conjunto, transportó a 545 millones de pasajeros. Lógicamente, la mayoría son las mismas personas que hacen los mismos recorridos, sobre todo en cercanías, pero son millones. Los ciudadanos que han utilizado la Alta Velocidad en 2025 fueron 44,5 millones, el doble que en 2019. Todos hemos confiado en la seguridad, en la profesionalidad controladores, de los maquinistas y del personal de mantenimiento. Y nos hemos visto defraudados por la desidia de los altos dirigentes. A muchos les ha costado la vida o unas lesiones permanentes. Y el presidente del Gobierno se atrevió a decir que con la dimisión del ministro de Transportes se recuperaba la confianza de los españoles en el sistema ferroviario.
Se sabe a qué se dedica cada euro de los recursos españoles y de los recursos europeos. Es cierto que siempre existe la posibilidad de engañar y hacer trampas, pero hay transparencia y hay rendición de cuentas ante la representación de la soberanía nacional.
Este es sólo el ejemplo de mala gestión de un sector del Estado que no está compartido con las Comunidades autónomas, por lo tanto, de su estricta responsabilidad. Todavía estos días la UCO está investigando posibles casos de corrupción en contratos de Adif de la época de José Luis Abalos; incluso sigue habiendo detenciones de posibles implicados muy relacionados con la cúpula del PSOE. Nunca hubo tantos ministros en el Gobierno ni tantos errores de gestión. La lista sería interminable.
Pero no puede ser de otra manera. Pasarse cuatro años sin presentar unos presupuestos en las cámaras no hay país que lo aguante. Cuando se presentan las cuentas en el Parlamento, los responsables de cada Ministerio tienen que dar explicaciones de las partidas que designan a cada proyecto; tiene conocerse públicamente; tiene que debatirse en la Cámara, donde tratarán de corregir los errores o modificar las prioridades marcadas. Se sabe a qué se dedica cada euro de los recursos españoles y de los recursos europeos. Es cierto que siempre existe la posibilidad de engañar y hacer trampas, pero hay transparencia y hay rendición de cuentas ante la representación de la soberanía nacional.
Cuando esto no es así, ocurre todo o contrario: falta de transparencia, opacidad, imposibilidad de controlar las cuentas públicas, dificultad para conocer el cumplimiento de objetivos; todo son bambalinas, propaganda, engaño; hay desconfianza en los datos oficiales del INE, del Banco de España, del Ministerio de Trabajo; de los datos enviados a Europa para las estadísticas de crecimiento económico, entre otros aspectos.
Por todo ello, es el momento de la gestión, de gobernar con rigor, con respeto a la Ley, a la Constitución, para que los recursos lleguen a los ciudadanos y no se pierdan en propaganda o en gastos injustificables. Es la esperanza que nos mantiene hasta el próximo 29N.
Después de la dimisión de Óscar Puente de sus cargos públicos, en contra de la voluntad del presidente del Gobierno, según dicen en su entorno, ha comenzado un proceso de canonización del exministro.
Pedro Sánchez afirmó que era un político ejemplar, que lo había dado todo por servir a su país, que había dimitido para demostrar un respeto a las víctimas de los accidentes y a la sociedad -cosa que sonó a cruel sarcasmo. Pero no se quedó ahí, aseguró que lo había hecho “para demostrar que no todos los servidores públicos somos iguales” Tras esta declaración, que no respondía en absoluto a la verdad, todos los demás miembros del Gobierno y dirigentes socialistas comenzaron a repetir la consigna de “no todos somos iguales”, con la intención de que se entendiera que “somos mejores que los demás”. Curiosamente, es una frase con sabor orwelliano, en su Rebelión en la granja, con aquel principio de que “todos los animales son iguales, pero algunos animales más iguales que otros”.
Va a ser un nuevo intento de lema en la campaña del PSOE, cuando ya se le hundió el de Maricarmen, el de la vivienda, el del amor, el de la gestión pública de los servicios… Lo malo es que este nuevo eslogan se puede aplicar desde un lado y desde enfrente.
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