Los beneficios de la inmigración

MIGRACIÓN A OURENSE

Publicado: 11 ago 2026 - 05:50
Opinión en La Región
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La inmigración despierta posiciones enfrentadas. Lo suyo, más allá del uso partidista, es abordarla sin prejuicios, pero también sin idealizaciones; con sensibilidad hacia quien llega. Entre el miedo y la ingenuidad existe un espacio más amplio: el de la realidad, las necesidades de nuestra sociedad y las oportunidades. Y poniendo el foco en nuestra provincia, Ourense tiene hoy una oportunidad que merece atención.

Los datos publicados estos días por el diario La Región son elocuentes. La provincia ha alcanzado los 307.119 habitantes, su cifra más alta de los últimos ocho años. Mientras la población nacida en España desciende, la llegada de personas nacidas en otros países permite que Ourense vuelva a ganar habitantes. Más de 53.000 residentes han nacido fuera de España, alrededor del 17% del total. Es un cambio que ya se nota en las calles, en los trabajos y en muchos pueblos.

Ourense sabe muy bien lo que significa emigrar. Miles de ourensanos cruzaron el Atlántico o viajaron a Europa para trabajar y ayudar a sus familias. Venezuela, Argentina, Brasil, México, Suiza o Francia fueron destinos de quienes buscaban una oportunidad.

Precisamente por eso, la inmigración es una oportunidad

Precisamente por eso, la inmigración es una oportunidad. Necesitamos personas, trabajadores y relevo generacional. Construcción, cuidados, hostelería, transporte y determinadas profesiones técnicas necesitan trabajadores que no siempre encontramos entre nuestra población. Si alguien viene dispuesto a trabajar, emprender, cotizar y formar una familia, ¿por qué no vamos a querer que forme parte de nuestro futuro?

La población extranjera contribuye al crecimiento del empleo y sostiene sectores que necesitan trabajadores. Son ciudadanos que trabajan, consumen, pagan impuestos y cotizaciones, abren negocios y mantienen vivos nuestros servicios. Su aportación es económica, social y demográfica.

Su prestación puede ser decisiva en nuestros pueblos, que luchan contra el envejecimiento y la despoblación. Hay casas cerradas, viviendas que necesitan rehabilitación y negocios que demandan continuidad. La llegada de nuevas familias puede hacer que una casa vuelva a tener luz, que un negocio sobreviva o que una persona mayor tenga cerca a alguien que pueda ayudarla. Repoblar nuestros pueblos significa también evitar que el patrimonio se convierta en ruinas.

Defender la inmigración no significa mirar hacia otro lado cuando las cosas se hacen mal. Situaciones como la de Ceuta han demostrado que España necesita una política migratoria seria, ordenada y con capacidad para controlar sus fronteras.

Quien venga a delinquir debe sentir como los resortes del Estado se alinean para prohibirles residir en nuestro país, dotando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado del marco legislativo necesario para agilizar los procedimientos y ejecutar las deportaciones. Quien tenga derecho a permanecer en España debe someterse a los procedimientos previstos por la ley. No debemos confundir inmigración con delincuencia, pero tampoco mirar hacia otro lado ante la delincuencia.

Una persona que viene a trabajar no puede ser tratada como un delincuente. Si cumple los requisitos, debemos facilitar su regularización, agilizar los trámites y reconocer sus cualificaciones. Debemos exigir integración y respeto a nuestras leyes. La integración funciona en las dos direcciones: la sociedad de acogida también debe abrir puertas.

La inmigración no resolverá por sí sola todos los problemas de Ourense. Necesitamos empleo de calidad, vivienda, servicios públicos, mejores comunicaciones y oportunidades para nuestros jóvenes. Pero tampoco podemos ignorar que la llegada de nuevos vecinos ayuda a sostener aquello que queremos conservar.

Ourense lleva tiempo hablando de despoblación. Quizá ahora debamos hablar también de repoblación. Sin miedo, pero con sentido común. Quien llega para trabajar, construir una familia, abrir un negocio, cuidar, cotizar y vivir junto a nosotros no viene a quitarnos Ourense. Viene a formar parte de ella.

Nuestros abuelos y bisabuelos también hicieron las maletas. Llegaron a lugares donde no conocían a nadie, buscaron trabajo y empezaron de cero. La historia debería servirnos para comprender que nadie deja su tierra sin una razón.

Por eso, cuando una familia llega a Ourense buscando una vida mejor, merece que se la juzgue por lo que hace, no por el lugar donde nació. Al que trabaja, cumple, aporta y quiere integrarse debemos facilitarle el camino. Al que delinque, debemos aplicarle la ley con toda firmeza. Una cosa no contradice la otra.

La inmigración no tiene por qué ser un problema que Ourense deba soportar. Puede ser una herramienta para construir la provincia que queremos: más poblada, dinámica, diversa y, al mismo tiempo, orgullosa de sus raíces.

Ourense tiene futuro. Y parte de ese futuro puede estar llegando desde muy lejos.

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