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El apoyo de Vox a la investidura de Juan Francisco Pérez Llorca como nuevo presidente de la Generalitat Valenciana, en sustitución de Carlos Mazón, obligado a dimitir un año después de la dana por la presión popular, no necesita ser explicitado en un pacto escrito después del discurso del nuevo presidente valenciano, porque toda su intervención fue una recopilación de las pretensiones que el partido de la ultraderecha propala no solo en Valencia sino en todas sus intervenciones: la maldad del Pacto Verde, la inoperancia y desigualdades que provocan las élites europeas de Bruselas, la necesidad de construir diques y presas, el negacionismo climático, los problemas causados por la inmigración… todo ello adornado con las expresiones que utiliza el propio Santiago Abascal. Así sí, vino a decir el portavoz de Vox, José María Llanos y lo corroboró el líder del partido en Madrid.
En definitiva, la Comunidad Valenciana mantendrá las mismas políticas que hasta ahora, si acaso agravadas por la mayor vigilancia de Vox
Con la elección de quien fuera mano derecha de Carlos Mazón ningún cambio significativo se va a producir en la política valenciana, más allá de la petición formal de perdón a las víctimas de la dana. En el resto de asuntos, ya estaba todo atado entre el PP y Vox que suman mayoría absoluta en Les Corts, porque la ultraderecha ya había logrado introducir sus demandas en los últimos presupuestos autonómicos aprobados con sus votos, y porque desde que abandonaron el gobierno -en una maniobra conjunta en todos los parlamentos autonómicos ordenada desde Madrid para no tener responsabilidades de gestión y condicionar a los gobiernos del PP desde fuera-, han logrado imponer sus criterios por la vía de los hechos. Allí donde algún presidente popular no se ha plegado a sus demandas les han enviado a las elecciones anticipadas como en el caso de Extremadura, y puede que en Aragón.
Aunque Juan Francisco Pérez Llorca es una solución de compromiso para acabar con la etapa de Carlos Mazón, que ya ha comenzado su vida en el ostracismo pese a que permanece como diputado autonómico, con él ha vuelto a repetirse el pacto entre PP-Vox que arruinó la posibilidad de que Alberto Núñez Feijóo alcanzara La Moncloa. En aquella ocasión funcionó el miedo a la llegada de la ultraderecha al Gobierno. Ahora se da por amortizado que ambos partidos pactarán para desalojar a Pedro Sánchez de la presidencia del Gobierno, pero falta por determinar cuál será la fuerza de cada uno de ellos y la experiencia valenciana puede volver a ser determinante tras comprobarse como un partido cede su ideario y sus valores mimetizándolos con el de su socio-adversario por conservar el poder por miedo a un susto en las urnas. Pero, cuidado, cómo todos los políticos que han alcanzado el poder de forma provisional, tratará de jugar sus cartas para que lo transitorio se convierta en duradero, lo que dependerá del éxito de su gestión en la recuperación tras la dana y de cómo reúna al PP valenciano en torno a su persona. Por lo pronto esta formación ha logrado imponer su candidato frente a Génova.
Que Pérez Llorca revistiera de “sentido común” las propuestas que realizó desnudándolas de cualquier carácter ideológico es una impostura, que prometiera el carmelo fiscal de la rebaja de impuestos es otro clásico de cualquier dirigente el PP, y que se olvidara de condenar la violencia de género es, igualmente, un disimulo. En definitiva, la Comunidad Valenciana mantendrá las mismas políticas que hasta ahora, si acaso agravadas por la mayor vigilancia de Vox.
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