Benito Iglesias
Casa 47: la gran contradicción en política de vivienda de Sánchez
La nevera, y la aspiradora, y el televisor, y el microondas, todos los artilugios modernos que tenemos en casa nos espían. El hecho de que nos los hayan vendido como artefactos inteligentes desvela la estafa: poca inteligencia deben tener para dedicarse a espiarnos. Por lo demás, ¿qué puede espiar un frigorífico? ¿El medio limón podrido del fondo? ¿Y una aspiradora? ¿La calidad de la mugre en los rincones? Ahora bien; lo del televisor pudiera ser más alarmante, pues en vez de servir para mirarlo, ocurre que es él el que nos mira a nosotros. Y nos escucha.
Y es que todo, al parecer, debe llevar una especie de agujero por donde se nos ve y se nos oye constantemente. ¿Es inteligente eso? Al final resultará que la grabadora de Villarejo es el último reducto de un mundo normal, pues graba porque es una grabadora.
Pero, ¿para qué quiere un televisor, un smart de esos, mirarnos? A resguardo de que los ha-ckers le encuentren a eso alguna utilidad, delictiva por supuesto, no debe ser particularmente excitante ver a nadie repantingado en un sofá. Claro que pese a que semejante espectáculo pueda resultar poco atractivo incluso para un televisor de inteligencia media, pudiera serlo más que aquél que el espiado contempla, esas programaciones de tertulias de la mañana a la noche, esos “talk show” con invitados que siempre son los mismos, esas series turcas de un candor indescriptible, ese Miguel Tellado de lengua viperina, esos documentales de animales guionizados desde el más avieso antropocentrismo, todo eso, en fin, que vemos mientras que, al parecer, nos espían.
Sabíamos que nos espiaba el móvil porque, por ejemplo, cuando le decíamos a alguien que buscábamos dentista, nos salían cuarenta anuncios de dentistas, pero nunca pudimos sospechar que la nevera también nos espiaba. Y es que todo, al parecer, debe llevar una especie de agujero por donde se nos ve y se nos oye constantemente. ¿Es inteligente eso? Al final resultará que la grabadora de Villarejo es el último reducto de un mundo normal, pues graba porque es una grabadora. Así las cosas, cuidado con lo que se dice al ir a por el limón podrido del fondo.
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