Jesús Prieto Guijo
La paciencia y la muralla
Desde que Carlos V abdicó de Flandes para ponerlo en manos de su hijo Felipe II, el territorio que hoy ocupa Bélgica fue un avispero para España. El bisnieto del emperador, Felipe IV, consiguió recomponer cierto rigor, impulsado por el conde duque de Olivares que lo animó a la escaramuza para catolizar a los protestantes. La misión de Breda fue encargada a los tercios y al estratega Ambrosio de Spínola que tejió una táctica descollante. En lugar de desgastar a sus hombres en el ataque a una fortaleza inexpugnable, construyó un sinfín de trincheras para cortar los suministros de la ciudad y, diez meses después, Justino de Nassau entregó las llaves de un pueblo que se moría de hambre. En Breda, la paciencia venció donde no llegó el acero.
Avisó Yamal y Fabián halló oro en un rechazo. Ahí comenzó la rebelión de Flandes con toda su flama
La primera parte de las potencias flamenca e hispana en Los Ángeles sí tuvo la belicosidad de la Guerra de los 80 años. Bélgica, convidado de piedra, salió con el único plan de fosilizar el partido y España no encontró porosidad en su defensa. Avisó Yamal y Fabián halló oro en un rechazo. Ahí comenzó la rebelión de Flandes con toda su flama. De Ketelaere lo empató con un testarazo que destruyó la imbatibilidad y una amarilla a Cubarsí para frenar a De Bruyne impidió que la herida se infectara. El silbato sonó a tregua.
En la segunda, De la Fuente emuló a Spínola y, ante la muralla, ordenó la táctica de la paciencia. El equipo español urdió una red de infinitos pases. Terminó el partido con 600 y un 70% de balón. Las credenciales que nos hicieron campeones en la víspera del Mundial de 2010. El plan era el mismo que el de los invencibles tercios: que Bélgica se quedase sin provisiones. Uno tras otro fueron cayendo los belgas, por estrategia o por lesión y le tocó el turno al muro más grande: Courtois. Entró Lammens y en el 88 le entregó las llaves de la semifinal a Merino, un ángel que ya ha erigido dos monumentos en un suspiro.
Tras su victoria en Flandes, Spínola pasó por Francia y fue felicitado por el cardenal Richelieu y Luis XIII. En el día de su Fiesta Nacional, los franceses no serán tan gentiles, pero en la chistera de De la Fuente y la magia de los tercios hay mil y un caminos hacia la estrella.
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