Daniel Montero
SUEÑOS DE OLIMPIA
Italia en los 70: años de plomo, años del Lazio
VÍA DE SERVICIO
Como en la copla de Rafael de León, tanto Junts como el PNV se ven en la obligación de enfrentarse, al menos ante la perspectiva de una moción de censura que debiera contar con los votos de uno de ellos, al “ni contigo ni sin ti, tiene mis males remedio”. Pero esta situación no es nueva. Lo nuevo son los casos de corrupción surgidos en el entorno del PSOE, que han exacerbado la presión del Partido Popular sobre ellos para que dejen de sostener al Gobierno y favorezcan la llegada de Alberto Núñez Feijóo a la Moncloa, para convocar unas elecciones que no se celebrarían de inmediato.
La situación a la que se enfrentan los nacionalistas e independentistas vascos y catalanes no es de hace un mes, ni de tres, ni de un año, es la misma presión a la se encuentran sometidos desde que permitieron la investidura de Pedro Sánchez y se enfrentan a la petición de un cambio en el que solo hay una posibilidad de que salga adelante, que sumen sus votos a los de PP y a Vox, algo que les repugna intelectualmente.
O sea, que “ni contigo”, porque observan que la legislatura está ya finiquitada, que cada vez les cuesta más prestar sus votos para que salgan adelante iniciativas con las que, además, no están de acuerdo, porque el Gobierno presiona con políticas progresistas y ambos son partidos de centro derecha o derechizados completamente, y todo lo que les suena a beneficios laborales o para los inquilinos les suena a traicionar a sus votantes.
Junts observa la situación política con distancia, bajo la premisa de que le da lo mismo la gobernabilidad de España, que ellos van a lo suyo, que como buenos independentistas irredentos siempre tienen un motivo para victimizarse y no comprometerse a más cosas de las que puedan obtener mediante una negociación que en muchas ocasiones ha sonado a chantaje. Y en el plano interno catalán, Junts tiene el cuello roto de tanto mirar a la extrema derecha de Aliança Catalana que le pisa los talones en muchos ayuntamientos, donde reside su actual fuerza política. A su vez el PNV se desgañita pidiendo a Pedro Sánchez que acabe con la agonía de la legislatura de una vez, que esto no da más de sí y que la acumulación de presuntos casos de corrupción en el PSOE aumenta la presión que ejerce el PP sobre ellos, que los acusa de cómplices de la corrupción.
En efecto, tampoco pueden estar “sin ti”, porque la alternativa no solo es abrirle la puerta a la ultraderecha sin pasar por las urnas y a un partido que pretende su ilegalización, porque se encuentran con el problema de que no conocen cual va a ser la política territorial del PP, y porque aún pueden condicionar determinadas políticas si el Gobierno quiere sacar alguna medida adelante. El PNV lo tiene aún más duro, porque nacionalistas y socialistas gobiernan de consuno en el País Vasco y cualquier choque de placas tectónicas en Madrid podría tener réplicas en el oasis vasco.
Y entre el “contigo porque me matas y sin ti porque por me muero” todos los partidos se pasan la pelota a ver quien acaba con la legislatura. Mientras Junts y PNV la ponen en el tejado de Sánchez, que responde que tiene intención de concluirla, el PP la pone en el suyo, al que replican que la presente que es su obligación. “Eso no va a suceder”, ha dicho la vicesecretaria de Coordinación Sectorial del PP, Alma Ezcurra. Habrá que seguir entonando la copla.
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