Antonio Piñeiro
CRÓNICAS DE AGORA E SEMPRE
Perfectino Viéitez, o home dos diamantes
SUEÑOS DE OLIMPIA
Se denomina como “Anni di piombo” (Años de plomo) el período de los años 70 en Italia, caracterizada por la escasez de energía (crisis del petróleo de 1973) y un ambiente violento entre grupos de extrema izquierda y derecha.
En este panorama irrespirable triunfó un equipo de fútbol imposible, el Lazio de Roma. Un grupo de jugadores divididos -literalemente- en dos bandos, físicamente separados en dos vestuarios diferentes.
A la derecha, el clan del Luigi Martini (Re Cecconi, Nanni, Petrelli o Pancaro). De ideología conservadora, fuerte carácter pero contención formal. A la extrema derecha, el bando de Giorgio Chinaglia (Pino Wilson, Oddi, Garlaschelli o D’amico) simpatizantes del fascismo, peligrosos noctámbulos, amantes de las mujeres y de las armas.
A la extrema izquierda, el comunista Mario Frustaluppi. En medio, el portero Felice Pulici. Los más raros en el equipo.
Las discrepancias no se hablaban. Se solucionaban a puñetazos, a veces con botellas rotas cerca del cuello y otras con la amenaza de pistola (Petrelli llegó a portar un fusil).
Sólo una persona podrìa dominar el gallinero sin intimidarse. Tomasso Maestrelli había visto en la II Guerra Mundial cosas que reducían a anécdota este caos. Bajo su influencia, los bandos irreconciliables se transformaron en una compacta falange romana cada domingo.
Quien tocaba a un miembro del Lazio en un partido sufría la ira de los dos clanes. Martini y Chinaglia se buscaban, siendo el último un voraz goleador. El estilo pendenciero fuera del campo mudaba en un fútbol total, de presión y cotragolpe fulminante. Un estilo que les permitió ganar la liga italiana de 1974 y un eterno recuerdo en el fútbol.
En marzo de 1975 Maestrelli fue internado por un cáncer. Su lugarteniente Bob Lovati no pudo evitar la pérdida del título con un pésimo final de temporada. En la siguiente, el equipo se reveló contra su sustitulo, Giulio Corsini, en una guerra que afectó al juego y los resultados, amenazando con el descenso de categoría.
Contra todo pronóstico, quizá por los ruegos de ambos bandos y las lágrimas, de un tipo tan duro como Chinaglia, al pie de su cama, Maestrelli hizo un esfuerzo sobrehumano para retomar el banquillo.
Sensiblemente demacrado por el cáncer, pero con un aura invencible y contagiosa, Maestrelli dirigió los últimos 23 partidos, logrando una agónica permanencia en el último partido contra el Como.
El Lazio remontó un 0-2 y evitó el descenso, celebrándose como un título. La afición portó al moribundo entrenador a hombros, con los clanes abrazándose entre sí. Ambos sabían que era el último baile junto al Maestro.
Maestrelli falleció seis meses después. A su entierro acudieron más de 30.000 personas, incluidos seguidores de su eterno rival, el AS Roma, en señal de respeto. Los dos clanes volvieron a juntarse para portar su ataúd entre lágrimas, algo impensable entre pistoleros y tipos duros. Chinaglia llegó desde Nueva York, donde ya se pegaba con Pelé por el liderazgo del Cosmos.
Para colmo de desgracias, un mes después falleció Luciano Re Cecconi (clan Martini) al fingir un atraco en una joyería. Una broma absurda -típica de un miembro del Lazio- que el propietario, asustado, creyó real, disparando sobre el centrocampista.
La tragedia supuso la reconciliación entre ambos clanes. El fin de una etapa salvaje y gloriosa.
“Primero tuve que hacer de ellos hombres y, después, futbolistas”. Así resumió el técnico Tommaso Maestrelli su trabajo en el Lazio de los años 70. Su gestión debería estudiarse en las escuelas de diplomacia y empresa. Dentro del club permitió dos vestuarios, uno para cada clan. Reconoció a sus líderes, reuniéndose con ellos para solucionar los conflictos. Apoyándose en los jugadores neutrales y tratándoles como si fuese su padre. Los concentraba en el hotel ‘Tor di Quinto’ -con campo de tiro- para que vaciasen allí sus armas y frustraciones antes del partido. Con oratoria y dotes sociales logró un compromiso general -“sagrado”- con el equipo, canalizando toda la agresividad contra el rival de cada domingo. Esta compleja fórmula funcionó lo que su creador. Un cáncer de hígado le obligó en 1975 a dejar el banquillo para afrontar un tratamiento experimental, acompañado en muchas ocasiones por sus jugadores. Sus ausencias obligadas comenzaron a resquebrajar a un equipo dependiente, como un bebé de sus padres.
Sin Maestrelli, Re Cecconi y sin Chinaglia (Pino Wilson tomó su relevo) el Lazio de las pistolas se mantuvo con cierta dignidad hasta la temporada 1979-80. Al final de la misma, la Federación Italiana lo descendió a Segunda división, castigado por estar varios jugadores -Wilson o Bruno Giordiano- involucrados en una red de apuestas y amaños de resultados. Toda esta historia, y varias de las que inspiran series y documentales, se explican en el libro ‘Pistole e palloni’, fácilmente localizable en Internet (en italiano, de momento).
“Pistole e Pallone”, Guy Chappaventi (Ultra, 2018) 240 páginas.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
Antonio Piñeiro
CRÓNICAS DE AGORA E SEMPRE
Perfectino Viéitez, o home dos diamantes
Daniel Montero
SUEÑOS DE OLIMPIA
Italia en los 70: años de plomo, años del Lazio
Fernando Lusson
VÍA DE SERVICIO
Ni contigo ni sin ti
Benito Iglesias
Ribeira Sacra: oportunidad histórica para Ourense
Lo último
EL 8 DE JUNIO PUBLICA SU CUARTO LIBRO
Isaac Pedrouzo, escritor ourensano: "Hay algunos discos que tienen dentro más literatura que muchos libros"
DIÓCESIS DE OURENSE
Más de un centenar de jóvenes ourensanos irán al encuentro con el papa
EXONERACIÓN DE DEUDORES
Récord de peticiones en Ourense para el perdón legal de las deudas