Fermín Bocos
No nos olvidemos de Ceuta
No todo cuanto acontece en la política tiene una explicación racional, un porqué al alcance de la gente sencilla. Un ejemplo: seguimos sin saber el trasfondo de lo ocurrido en Ceuta. Una ciudad española que fue invadida el 30 de julio por una avalancha de no menos de ochenta mil jóvenes procedentes de Marruecos ante la pasividad de los policías y guardias civiles encargados de custodiar la frontera. Hoy sabemos que los agentes no actuaron porque recibieron órdenes para no frenar el asalto. Tampoco hubo intervención de los militares que, repartidos en diferentes cuerpos -la Legión, Regulares, etc.-, conforman una nutrida guarnición.
Ante un hecho así, sin explicación racional, la perplejidad se traslada al ámbito de la política. Y da pie a una pregunta que se formula la calle: ¿qué le debemos a Marruecos?, ¿por qué no se impidió la invasión? La incógnita sigue sin respuesta y se transforma en indignación si pensamos en que la vida de los habitantes de Ceuta se ha visto alterada, y así sigue dos meses y medio después de la invasión, porque varios miles de aquellos jóvenes que entraron ilegalmente siguen pululando por las calles de la ciudad.
Son preguntas sin malicia, sencillas en su formulación y dictadas por el sentido común
¿Qué explicación se le puede dar a los ceutíes para justificar el abandono en el que se encuentran? Ellos ven por la televisión, en las noticias, que hay tropas españolas en la frontera del Líbano con Israel o que el Ministerio de Defensa confirma que España también participa en la misión de la OTAN en Finlandia para reforzar la protección en el Ártico frente a la amenaza rusa y se preguntan ¿por qué allí sí y aquí no? Aquí, en Ceuta, no.
Son preguntas sin malicia, sencillas en su formulación y dictadas por el sentido común. Entre los compromisos electorales que ha contraído el candidato a la Presidencia del Gobierno por el PP, Alberto Núñez Feijóo, figura uno que en su exposición resume otra forma de ver el problema y otro tipo de respuesta ante lo que fue la invasión. Ha dicho Feijóo que cuando se supo que buques de guerra marroquíes entraron en aguas españolas se debería haber desplegado al Ejército en la frontera de Ceuta para defender la integridad territorial de España. Llegado el caso, él lo haría. Pedro Sánchez no lo hizo. Seguro que los ceutíes han tomado nota. La vorágine de la campaña electoral no debería hacernos olvidar lo que pasó y aún sigue pasando en Ceuta.
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