Jorge Vázquez
SENDA 0011
La disciplina como motor de valor
Una vez más, permítannos los lectores una nueva licencia, por aprovecharnos del título de la violenta película dirigida en 2007 por los hermanos Cohen, protagonizada por Javier Bardem, Tommy Lee Jones y Josh Brolin. ¿Es España un país para viejos? Nos estamos enfrentando a una realidad que se viene vaticiando desde hace años: el envejecimiento poblacional. Actualmente, una de cada cinco personas tiene más de 65 años. Si no nos creen, miren a su alrededor y echen cuentas.
Los especialistas emplean el término invierno demográfico para referirse al declive de la natalidad provocado por el exceso de defunciones
Los especialistas emplean el término invierno demográfico para referirse al declive de la natalidad provocado por el exceso de defunciones, la escasez de nacimientos y la disminución de los jóvenes capaces de afrontar el relevo generacional de nuestros mayores. Tampoco se atisban visos de recuperación de la natalidad que posibilite un rejuvenecimiento natural de la población española. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el porcentaje de mayores de 65 años ronda ya el 20%, pero podría rebasar el 30% hacia la mitad del siglo XXI. En 2024, datos complementarios correspondientes la Fundación Adecco, informaban de 142 mayores de 65 años por cada 100 menores de 16. En otras palabras: la población más joven, sustituta potencial de los mayores en el sustento de nuestra economía y sistema de bienestar, proporcionalmente está cada vez más reducida. Son muchos los factores justificativos, como por ejemplo la baja tasa de natalidad y la mayor longevidad de las españolas y los españoles, así como el saldo poblacional natural negativo que cada día depende más de los inmigrantes.
Entonces ¿qué podría ocurrir en un futuro más o menos cercano? Nuestra sociedad se enfrenta a varios e importantes retos, como el mantenimiento del sistema de pensiones, los cuidados de la dependencia y la defensa de una sanidad pública, con la que nunca estamos contentos, a pesar de que los expertos siguen calificándola como una de las mejores del mundo. Pero nuestro Estado del Bienestar puede tambalearse porque la población activa desciende mientras aumentan las personas mayores y dependientes. Dicho envejecimiento poblacional resulta más impactante en las zonas rurales, al sumarse despoblación y dispersión geográfica, donde el derecho de sus ciudadanos al acceso a los servicios públicos se ve afectado. Galicia, Asturias o Castilla León se encuentran entre las comunidades más envejecidas de Europa. Por todo ello es necesario apostar por la adaptación a la realidad del sistema de cuidados, incentivar políticamente la natalidad y la conciliación familiar, facilitar la inmigración cualificada y diseñar un modelo territorial que neutralice la despoblación. El tiempo apremia.
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