Jorge Vázquez
SENDA 0011
La disciplina como motor de valor
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Platón creyó que podría hacer del rey tirano Dionisio un filósofo y que gobernase Siracusa con los principios del bien común. El intento resultó baldío y el gobernante no solo fue incapaz de adquirir cordura sino que, según algunas fuentes, convirtió a Platón en un esclavo. Es lo que se conoce como la Seducción de Siracusa. La semana arrastraba las consecuencias de un pleno del Concello de Ourense convocado a última hora y en sábado para no perder una subvención. No es la primera vez ni será la última en la que hay que sacar de la cama a los concejales para aprobar el pago de la nómina de los trabajadores, abonar las facturas a los proveedores o, como el caso referido, para que los plazos no impidan contar con dinero para algunas iniciativas.
Estas cosas pasan en el Concello de Ourense no por culpa de quien está al frente (Dios nos libre), sino por falta de previsión. Un gobierno aparentemente incapaz (algunos hechos lo delatan) y un alcalde que juega a influencer no puede ocuparse de menudencias. Hace ya tiempo que la gestión municipal debió ser adjudicada a una gestoría o a un administrador de fincas. Pasan los recibos a tiempo y abonan en plazo las facturas, no como el Concello que solo cobra bien los impuestos. Quedaría el gobierno local para verbenas, que tampoco es cosa menor, que diría Rajoy. El alcalde Jácome ha repartido culpas en una deriva que los psicólogos definen como locus de control externo, es decir, son factores fuera de control los que dominan su vida. Cree que gracias a él Ourense es la onírica Camelot del Rey Arturo o el paraíso celta Avalon, donde había manzanas todo el año y la abundancia de dones colmaba a sus habitantes. Pero no, lamentablemente. Ourense se está convirtiendo en una ciudad incomparable, que ya no resiste comparaciones. La corporación que la representa es víctima de la Seducción de Siracusa y cree que conseguirán que este Dionisio entre en razón ignorando que acabarán siendo, como ahora, sus esclavos.
El todopoderoso ejército de la Roma clásica sufrió una humillante derrota en la batalla de las Horcas Caudinas. Hoy hacer pasar por las horcas caudinas significa sufrir el sonrojo de hacer por la fuerza lo que no se desea. La ciudad está gobernada por una minoría que siempre hace pasar por las horcas caudinas a PP, PSOE y BNG. A los concejales de este último grupo les llamó el alcalde Jácome "bazofia" ("mezcla de heces, sobras o deshechos de comida", según el diccionario) y optaron por abandonar el pleno musitando que "si naciste para martillo hasta del cielo te caen los clavos", como Pedro Navaja. Ante semejante humillación socialistas y populares prefirieron calentar el escaño en vez de decir al regidor el ahí te quedas que se merecía y ya nos llamarás cuando te calmes. En El Principito leemos que "para los vanidosos los demás creen que son admiradores". El regidor se cree que prescribe opinión y gobierna ex cátedra. Luego vendría el presidente provincial del PP Luis Menor a decir que "o que ocorre no Concello de Ourense non é normal". Se refiere al cúmulo de despropósitos que jalonan la gestión municipal de un alcalde que también se ríe de la obligación de hacer pública su declaración de bienes. El PP, igual que los demás, pasa todos los días por las horcas caudinas. A todos les hace falta, creo, algunas sesiones con un coach para saber qué pintan ahí. Mientras, pueden recordar la charla del bizarro Luis Aragonés a la selección española antes de ganar la final de la Eurocopa ante Alemania en el 2008: "¡Nos ha llegado el momento, nos han metido hostias de todos los colores. Vamos a demostrarlo ahí en el campo!"
Escuché en un podcast a un asesor fiscal preguntarse "qué se puede esperar de un país que necesita cada 31 de diciembre que expliquen los cuartos de las campanadas y aún así hay quien se atraganta". Qué se puede esperar de una ciudad a la que le explican a diario qué puede hacer para cambiar el su suerte y solo propone un "¡vaia por Deus!". La Región sacó del olvido al comercio del casco histórico para recordar que hay mil bajos y 1.500 casas vacías. Nadie en el Concello se dio por aludido, ni siquiera guardan ya duelo por el comercio que cierra. Mientras por todo el solar urbano siguen estas goteras estos días conocimos que Lugo contará con 1.265 nuevas viviendas, el 80% de ellas protegidas y que en Vigo arrancó la obra de la factoría de chips fotónicos, que tendrá 200 empleos directos y 550 indirectos. En Ourense sigue lloviendo, hasta atragantarnos o ahogarnos.
Muchos representantes públicos parecen el Capitán Araña, célebre marino al que acusaban de embarcar a la tropa de marinería mientras él se quedaba en tierra. Ha tenido que ser La Región quien movilizase a alcaldes y otros cargos de Ourense y Lugo para que tildasen de "vergonzoso" el estado de conservación de las comunicaciones entre ambas provincias y reivindicasen la continuidad de la autovía A56. Tocaron todos a la perfección la misma partitura, parecía que había prendido la mecha. Luego, cuando se enfrió la noticia, no ha trascendido nada más y los políticos obviaron organizarse aprovechando la ocasión que le habían dado. Muy animosos, pero hicieron la del Capitán Araña.
Mira tú como los rostros mudan desde el abatimiento a cierto rictus de sonrisa después de muchos años de investigación para mantener a raya al cáncer. Mira tú como, más allá de la cuestión clínica, el papel de colectivos como la Asociación Contra el Cáncer es sobresaliente. Mira tú como todas las manos son pocas para sumar porque el último año en Ourense se registraron 2.600 casos nuevos. Mira tú como ya no queda prácticamente nadie en nuestro entorno libre de esa mácula, pero siguen bautizando cada día con el nombre de Esperanza. Mira tú eminencias como el doctor Barbacid y sus investigaciones oncológicas prometen nuevas y buenas noticias. Mira tú como solo empaña el cristal del futuro la precariedad del presupuesto para seguir escudriñando las claves de la enfermedad. Mira tú, además, como todo esto ha permitido a una de las Españas poco menos que silenciar el trabajo de Barbacid. Si es que no tenemos remedio, ese sí que es un cáncer. Mira tú.
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