Oseira, el pulpo y el pan

A MESA Y MANTELES

Publicado: 08 feb 2026 - 06:10
Xavier Castro
Xavier Castro | La Región

Hay quien dice que el pulpo y O Carballiño son una sola y misma cosa. “El pulpo llegó a O Carballiño cuando Oseira tenía costa”, apunta un informante de Fátima Fernández. Comenzó este paradójico enunciado en la época en que los monjes cistercienses se instalaron en la comarca carballiñesa, en los albores del siglo XII. Erigieron allí un cenobio dotado de dominios con innumerables propiedades (más de mil, se llegó a decir) que alcanzaban incluso al litoral gallego. Una crónica benevolente consigna que la economía de la comarca carballiñesa se fraguó a la sombra de este opulento monasterio donde los religiosos buscaban paz espiritual, los nobles, solaz y los pobres, sustento.

Como era de esperar, el monje difunde una visión enaltecedora sobre el papel desempeñado por el monasterio en el entorno territorial, a cuyas expensas vivía: “Los monasterios se convirtieron en potencias porque el mundo rural prefería ponerse a su servicio que al de un señor feudal”, aseguraba el hermano José Luis a la entrevistadora Fátima Fernández, quien revelaba que cuarenta años en Oseira no habían sido capaces de despejar el acento madrileño del fraile. “A él, la vida monacal lo sedujo con poco más de 20 años, tras ejercer como diseñador de moda”.

En el monasterio de Oseira, tuvo lugar una especie de milagro del pan y el compango, conformado este último en guisa de pulpo

En el monasterio de Oseira, tuvo lugar una especie de milagro del pan y el compango, conformado este último en guisa de pulpo. En cierto modo, aquellos monjes del Císter tuvieron la capacidad de llevar la costa a territorios ourensanos. Del mismo modo, tampoco la escasez de trigo cultivado en aquellos predios de pan de centeno supuso un obstáculo para que Cea se convirtiera en tierra de panaderas duchas en amasar y hornear pan candeal. Dio comienzo esta historia en el siglo XIII, en la hora en que los monjes obtuvieron del Rey Sancho IV la concesión de una feria mensual en el pueblo para poder vender en ella el excedente de pan que producían para su consumo. La técnica se difundió entre los aldeanos y, varias generaciones de panaderas aprendieron a elaborar un pan de gran calidad, reconocido en una época reciente con la distinción de producto merecedor de figurar con la etiqueta de Indicación Geográfica Protegida.

El monasterio de Oseira se vio afectado por altibajos, épocas de alternancia entre la prosperidad y el infortunio. En 1552, un pavoroso incendio arrasó la fábrica, pese a lo cual lograron la reconstrucción del edificio, merced a sus enjundiosas rentas, una buena disposición para el trabajo y sus provechosas oraciones. En el siglo XIX, la desamortización de Mendizábal despojó a los frailes de su dominio señorial, y el monasterio cayó en el marasmo, quedando en buena parte derruido -con muchas de sus vigas de carballo y berroqueños perpiaños aprovechados para el empedrado de los suelos y las viviendas aldeanas- hasta que los aventados monjes consiguieron retornar en 1929, con el declarado propósito de “rumiar la palabra de Dios”.

No pocos opinan que, a pesar de todas estas vicisitudes, nadie pudo quitarles, sin embargo, el pulpo y el pan a los aldeanos, aunque probablemente la materia prima que circuló por las ferias de la comarca se haya visto reducida en las etapas de suerte desventurada para el cenobio.

Lo que aconteció con el pulpo tiene mucho que ver con la localidad de Marín, entonces bajo el priorato de Oseira, que ya desde la Edad Media tuvo que entregar productos del mar a los monjes cisterciense, incluyendo grandes partidas de cefalópodo.

Filgueira Valverde apunta, en un Adral, que la relación comenzó en el siglo XII, cuando el noble Don Diego Arias, al enviudar, donó sus derechos de pesca en el coto de Marín al monasterio de Oseira en el que entró a profesar. A partir de ese momento, los monjes recibieron como diezmo gran parte de las capturas de pulpo de la ría. Las crónicas refieren lo bien que les prestó.

Contenido patrocinado

stats