Carlos Risco
LOS ASUNTOS IMPORTANTES
Sobre el vagabundeo
PERDÓN POR LA MOLESTIA
Hoy es el Día de Difuntos, como si no lo fuese el resto del año para quienes sienten siempre las ausencias. La tradición convierte a los cementerios en centros de peregrinación y ornato, con unas flores que son la propia vida, esplendor y decadencia. Las lápidas refieren los datos básicos: nombre, fecha de nacimiento y defunción. Un paseo entre tumbas permite ver que han sido llamados seres a los que no les tocaba por edad, pero así es la biología. O la impericia humana que está detrás de óbitos por descuidos o negligencias. Los camposantos recogen estos días los restos de las decenas de accidentados en el último incidente ferroviario para engrosar la cifra de siniestros del tren y acrecentar la división institucional. La desgracia se agiganta en función del número de víctimas, aunque el dolor de sus seres queridos es individual. A medida que se han enfriado los cadáveres se ha calentado el ambiente político. Poco más que un minuto de silencio. Es muy goloso un accidente de estas características como para dejarlo escapar, sobre todo con las elecciones a la vista. El segundo muy grave en un año con el mismo ministro y el mismo presidente. Con las mismas disculpas y las mismas acusaciones. Con la misma soberbia y la misma insensibilidad. Los cadáveres son la moneda de cambio entre partidos, el dedo acusador o exculpador. La España envidiada por un AVE de primera es hoy la que supera el centenar de muertos en este 2026 por los trenes mal gestionados y a merced de errores letales. Todo es culpa del que ha dado una orden equivocada, nada incumbe a sus gestores en la cadena de mando. Se le atribuye al sanguinario dirigente soviético Stalin que "un muerto es una tragedia y un millón de muertos es una estadística". Imposible que el ser humano multiplique su sufrimiento por el número de víctimas y arrastre consigo el dolor de todas las ausencias. El fatídico accidente de Angrois, cerca de Santiago en 2013, provocó 80 muertos y una sucesión de responsabilidades que se saldaron con la condena del maquinista, que no entrará en prisión a la espera del indulto. Sobre las competencias por encima de la negligencia del conductor del tren se pasó de puntillas. Han transcurrido trece años pero aún nada reconforta, imaginen los accidentes más recientes. En el cementerio de mi pueblo reposan los restos de una víctima de Angrois. No le tocaba, tampoco a su familia soportar el dolor de su pérdida. Para ellos es Día de Difuntos todo el año. Como pasará en Adamuz o Urda. Son los únicos que asumen responsabilidades.
Puede parecer un sarcasmo pero los problemas habitacionales ya no son solo de este mundo. Vivir en algunas zonas de Valdeorras comporta no tener donde caerse muerto cuando toque, aunque sea humor negro. De nuevo esta semana quedó en evidencia que "O Barco se queda sin nichos para ofrecer" por culpa de unos cuantos trámites burocráticos que no se dan resuelto, lo que deja la disponibilidad en solo cuatro sepulturas. En A Rúa hacen falta terrenos para ampliar los camposantos existentes, pero el párroco dice que ya no está para buscarle casa a las almas. Entre los problemas a resolver en el rural está no solo facilitar el descanso terrenal sino el eterno y la preocupación por donde vivir en el más allá ya equipara al desdén por encontrar donde cobijarse en vida. En Valdeorras tienen graves problemas para estar bien comunicados tanto por tren como por carretera. Sufren carencias sanitarias que empujan a sus habitantes a reclamar mejoras en la calle cada poco tiempo, la última vez hace un par de semanas. Y ahora resulta que también hay carencia de sepulturas. Sus habitantes son unos jabatos, en otros lugares ya solo esperarían la extremaunción.
La provecta provincia se ha hecho previsora pero para el más allá. Igual es que ya no merece la pena preocuparse por el más acá. El Ourense en el que se más se compran pisos al contado, con una tasa de segunda vivienda superior a la media, con un 3% de habitantes que declaran vivir de rentas sin tener que hincarla, donde se guardan en los bancos más de 10.000 millones de euros es ya una provincia a cubierto de gastos de entierro. Resulta que más de 133.000 personas han contratado un seguro de deceso, superando el 43% de la población. Es decir, que cubren el sepelio, prestan ayuda psicológica a los familiares del finado o eliminan el rastro digital. Dice la patronal del seguro que las pólizas las contratan sobre todo los mayores de 65 años y que los beneficiarios pueden ser también otros miembros de la familia. Los abuelos no solo van a recoger los niños al cole, se ocupan de ellos cuando los papás no pueden, les cumplen todos sus caprichos, le llenan la hucha o contribuyen a la despensa con productos de la huerta del pueblo, sino que también se pagan su entierro y la ayuda psicológica a los que quedan. Y usted, ¿aún no tiene seguro de deceso?
No espere a que esto rejuvenezca porque esto no pinta bien para Ourense. Publicó La Región que se constata aquí la tasa de actividad y ocupación más baja de España, con solo cuatro de cada diez ourensanos trabajando. Lo de siempre y sin visos de cambio por las inercias que nos persiguen. Menos mal que el ourensano es previsor y renueva cada año su póliza de decesos y tiene la cuenta corriente saneada, con dinero suficiente para sus flores del Día de Difuntos, que dejará pagadas.
¿El gentilicio en política es garantía de compromiso con la tierra de procedencia?
¿Es creíble que por el hecho de que un gobernante sea de tal provincia le irá mejor?
¿Por qué dice la candidata del PP Ana Belén Vázquez que si Feijoo gobierna "Ourense vai ser a nena bonita porque é onde el naceu?"
¿Qué discriminación positiva consiguen los diputados de aquí?
Mira tú nuestro modo de diversión, casi siempre con decibelios a granel. Cuando visitamos una ciudad su zona histórica es el imán, la de más personalidad, porque la comercial es casi toda igual, llena de franquicias. Donde se localizan los orígenes de las urbes se concentra también su hostelería más típica. Si ahí no hay terrazas o hay poca gente a la entrada de bares y restaurantes, creemos que esa ciudad "está muerta". En Ourense su casco histórico goza de salud mejorable, pero si lo catalogamos por su ruido está forte como un buxo. Ahora tardeo, terraceo, musiqueo y mosqueo del que vive y soporta excesos. Fines de semana, fiestas, calor, también Samaín. Todo ahí. Que levante la mano el que no va a una terraza o no habla por encima de un volumen razonable. Que levante la mano el que ha mandado hablar bajo a los colegas para no molestar al puteado vecino. Mira tú.
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