Normalidad catalana

Publicado: 13 sep 2025 - 04:40
Opinión en La Región

Los independentistas catalanes echarán de menos el ardor guerrero con el que se celebraba la Diada, el Día Nacional de Cataluña, según su estatuto de autonomía cuando participaban centenares de miles de personas en unas manifestaciones en las que se alimentaban el próximo advenimiento de la República Catalana. Con el decaimiento del ‘procés’ independentista, el recuerdo a la toma de Barcelona por las tropas borbónicas en 1714, sin dejar de tener un carácter reivindicativo, se ha desarrollado en un clima de convivencia y normalidad un año más.

La Diada no ha aparecido entre las principales noticias de los medios de comunicación y a no ser porque el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, con un indudable sentidos de la oportunidad, hubiera rechazado la mayor parte del decreto que establecía el catalán como la lengua vehicular en la enseñanza, la conmemoración hubiera pasado todavía más desapercibida, dado que si algo representa el tronco central de la catalanidad ya sea de carácter autonomista o independentista es la defensa de la lengua, que sienten amenazada, mientras que desde otros partidos se aboga por una convivencia de las lenguas y la libertad de elección.

Con menos de un cuarenta por ciento de la población catalana decididamente a favor de la secesión, y después de que el independentismo haya perdido la mayoría en votos y escaños en el Parlament, Cataluña trata ahora de recuperar el lugar perdido durante los años del procés

Que haya transcurrido sin chirriar es un síntoma de normalidad, y buena parte de esa circunstancia se debe a la labor realizada por el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, que sin dejar de trabajar para aumentar el autogobierno de Cataluña, a lo que se ve impelido por la naturaleza de su cargo y forzado por los pactos que le llevaron a al Palacio de la Generalitat, no deja de estar en sintonía con La Moncloa con un mensaje institucional que es clarísimo al señalar que Cataluña “se debe mantener dentro del marco legal e institucional que nos hemos dado”, y al mismo tiempo demandar la aplicación plena de la ley de amnistía para que la convivencia política sea completa. El presidente catalán ha enterrado los maximalismos independentistas para tratar de arreglar los problemas de las cosas de comer, y mientras a ERC le insiste con la financiación singular, y a Junts le muestra su buena disposición con Carles Puigdemont a quien quiere ver en Cataluña, por otra parte, no pierde ojo al auge de la ultraderecha que trata de hacer de la inmigración el principal problema de Cataluña por encima de otras cuestiones, como la vivienda o el funcionamiento de los servicios.

Con menos de un cuarenta por ciento de la población catalana decididamente a favor de la secesión, y después de que el independentismo haya perdido la mayoría en votos y escaños en el Parlament, Cataluña trata ahora de recuperar el lugar perdido durante los años del procés y volver a ser la locomotora de la economía española. El independentismo ha dado un paso atrás a causa de la frustración, y no se sabe si ha sido para coger impulso, como afirma Oriol Junqueras, o si definitivamente el baño de realidad política le ha hecho comprender que su pretensión no tiene futuro. a pesar de que sus votos condicionan la gobernabilidad de todo el país. Pero se equivocarían quienes consideren que la etapa de tranquilidad que vive Cataluña por las cesiones del Gobierno se debe revertir con la mayor rapidez posible, no sea que se vuelva a una situación de tensión que afectaba incluso a las relaciones personales, o se desate una ola de catalanofobia que reavive los sentimientos independentistas y el conflicto territorial.

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