De Noruega a Milan-Cortina, pasando por Manzaneda

LA OPINIÓN

El “ourensano” Martín Ríos, en los Juegos de Pyeongchang.
El “ourensano” Martín Ríos, en los Juegos de Pyeongchang. | Europa Press

La primera representación que se conoce de unos esquís data del 4.000 a.C. Es un petroglifo hallado en Bøla, cómo no, Noruega. Fueron ellos quienes fabricaron unas tablas que les facilitasen el desplazamiento por la nieve imitando las pezuñas de los renos. Solo así se explica que un país que ocupa el puesto 120º en demografía sea, por mucho, el más laureado en los Juegos de Invierno. 405 medallas, 148 oros, dos citas olímpicas y dos leyendas colosales: la fondista Bjørgen y el ‘rey del biatlón’ Bjørndalen.

Galicia no fue tan precoz y los primeros intentos del esquí suceden en los años 40 del pasado siglo en Manzaneda. Poco después se funda el Club Peña Trevinca y en 1947 nacen los primeros campeonatos. Llegar a ellos ya era una odisea: se realizaba un viaje colectivo hasta O Barco en ferrocarril y, al día siguiente, se llegaba al refugio de Fonte da Cova.

Por aquel entonces, los Juegos de Invierno ya tenían solera. Los primeros se celebraron en Chamonix en 1924, vinculados a los de verano. Galicia tuvo que esperar 60 años para ver a su primer representante. Fue en Sarajevo y, pese a la demora, se convirtió en un pionero.

Manuel García Valiñas, natural de A Gudiña, fue el primer biatleta olímpico de la historia de España. Se inició en el esquí de fondo pero, como capitán de la Guardia Civil, tenía acceso a las carabinas, descubriendo la nueva disciplina, una de las más duras. Su actuación fue discreta. Ocupó el puesto 56 tanto en la prueba corta como en la larga, pero de Yugoslavia se llevó 50 segundos de cuota de pantalla ya que la realización lo confundió con un balcánico. Desde aquel momento épico, ningún gallego ha vuelto a unos Juegos de Invierno, pero en la nieve olímpica se ha seguido escuchando un acento cantarín.

Martín alcanzó los Juegos de la Juventud de 2016, pero su sueño es ambicioso y no se cumplirá hasta que se convierta en olímpico con todas las de la ley.

Martín Ríos es hijo de un chapista de O Carballiño que emigró a Suiza, como tantos, cuando la década de los 60 apretaba. Conoció el curling de pequeño y llegó a competir por España, con un club de Jaca. En los Juegos de Pyeongchang alcanzó la gloria con una medalla de plata en dobles mixtos que llena de orgullo al barrio de A Costiña, donde reside parte de su familia y al que regresa para avituallarse con pulpo y filloas.

Arrietta Rodríguez es donostiarra, pero sus abuelos paternos nacieron en la parroquia de Filgueira, en Crecente, donde todos los agostos veranea la familia. En estos Juegos de Milán-Cortina debutará en eslalon alpino marcando un hito al ser la primera española desde Blanca Fernández Ochoa. Con solo 23 años, su futuro es brillante y pronto será asidua de las Copas del Mundo.

Pero si hay que poner el foco en alguien, ese es Martín Souto. Gallego de pura cepa, el morracense comenzó con ocho años en las carrilanas de Bueu -vehículos artesanales sin motor propulsados por la inercia- y acabó en un bobsleigh. La historia es una mímesis de la proeza de los cuatro jamaicanos que irrumpieron en Calgary 1988 entrenando, también, en una carretilla. Martín alcanzó los Juegos de la Juventud de 2016, pero su sueño es ambicioso y no se cumplirá hasta que se convierta en olímpico con todas las de la ley. Estuvo a punto de lograrlo en 2022 y justo después se pasó al skeleton, donde entrenado por el cuatro veces olímpico Ander Mirambell, lucha por llegar, ahora sí, a los Juegos de 2030 en el país vecino, los Alpes Franceses.

La historia olímpica de la Galicia invernal viaja desde la templanza del pulso de un ourensano hasta el trineo de un buenense, a más de 140 km/h.

@jesusprietodeportes

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