Pilar Falcón
DÍAS Y COPLAS
Buitres y pisos, el Kilómetro Cero
A pesar de que muchos creían que estábamos asistiendo a la crónica de una muerte anunciada y que los servicios en la nube acabarían desterrando a los centros de datos convencionales y gigantescos servidores que habitaban las sedes de muchas empresas, cada vez son más las que apuestan no solo por recuperar y reconvertir sus infraestructuras tecnológicas, sino por ampliar su flota para prestar así más y mejores servicios en un mundo que cada vez vive más conectado.
La implantación en tiempo récord del trabajo en remoto, la era dorada del comercio electrónico, la popularización del internet de las cosas o la irrupción de la tecnología 5G han hecho y harán que en el futuro inmediato el volumen de datos que se generen y transiten por la red no pare de crecer exponencialmente. Para satisfacer esta altísima demanda de información es necesario reforzar la infraestructura que sustenta todas estas tecnologías, y eso pasa por incrementar el número de mainframes, o lo que es lo mismo, servidores y centros de datos donde se procesan las peticiones de información y donde se almacenan millones de archivos, no solo de empresas, sino también de las páginas web o servicios que utilizamos en nuestro día a día.
Aunque en los últimos años la apuesta de la mayoría de empresas pasaba en primer lugar por contratar servicios en las nubes de grandes proveedores como Amazon, Google o Microsoft para dar soporte a sus operaciones digitales, el aumento de la actividad digital y de los ataques informáticos ha hecho que muchos responsables de tecnología se hayan replanteado su estrategia y apuesten por revitalizar sus servidores y centros de datos propios, considerándolos más seguros y fiables. Tecnológicas como IBM, empresa líder en el mercado de mainframes, han remodelado ya su oferta para ofrecer nuevos servicios a los clientes que apuesten por darle un nuevo impulso a esta tecnología, como dar soporte para nuevos protocolos asociados al internet de las cosas o dotar a los dispositivos de nuevas funciones de inteligencia artificial. No será de extrañar entonces que en un futuro próximo las empresas apuesten por dividir sus activos entre los dos mundos, empleando sus propios servidores como entorno seguro y la nube como campo de pruebas.
La necesidad de infraestructura física tanto para las empresas como para los gigantes tecnológicos que lideran el mercado de la información en la nube ha disparado la demanda de espacios para ubicar nuevos y colosales centros de datos. Hasta ahora en Europa el negocio se mueve principalmente entre Frankfurt, Londres, Ámsterdam, París y Dublín; pero España está empezando a escalar posiciones. La ubicación geográfica estratégica de la península y su excelentes conexiones por cables submarinos intercontinentales hacen que los inversores inmobiliarios tengan los ojos puestos en nuestro país. La consultora Savills Aguirre Newman estima que la inversión en infraestructuras físicas para albergar estos centros de datos en España alcance los 3.000 millones de euros en los próximos cinco años y nos posicione como el gran servidor del sur de Europa.
Recientemente la inmobiliaria Merlin Properties ha sellado un acuerdo con la tecnológica Endeavour para construir cuatro centros de datos en la península ibérica que servirán como apoyo a las gigantescas infraestructuras de Facebook o Google. La inversión en este tipo de inmuebles y tecnologías puede ser rentable no solo por su capacidad de generar ingresos fijos, sino también por la posibilidad de generar valor añadido apostando por la eficiencia energética en estos inmuebles y por su utilización para la generación de energías renovables como la solar o la eólica. De esta manera se compensaría también el consumo de esta industria que en los próximos años representará el 20% de la energía mundial y el 5,5% de la huella de carbono.
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