Antón Giráldez
TRIBUNA
Territorio emprendedor
Recortes
La fotografía de ayer mostrándonos al prófugo Puigdemont recibiendo al presidente de la Generalitat Salvador Illa en las dependencias que posee el Gobierno catalán en Bruselas, no solo es un insulto específico al pueblo soberano sino una nueva y deleznable mentira tejida por un Gobierno intimidado y obligado a claudicar por un sujeto que no puede regresar a su país porque se lo impide la ley. Ayer también, el ministro de Asuntos Exteriores de este Gobierno que camina de rodillas a la espera de las decisiones asumidas por un investigado por delitos económicos de alta gama, proclamaba las excelencias de un encuentro singular. Las excelentes virtudes de una cita que garantiza la reconciliación, sella la paz entre Cataluña y el resto del país, y solemniza un encuentro en la cumbre en el que todo un presidente de un territorio autonómico asume el papel que ha dejado vacante un sujeto que a día de hoy es huésped del centro penitenciario de Soto del Real. Pero la locura del ministro Albares adoptó niveles de pesadilla cuando dijo públicamente ante los micrófonos que podía afirmar con absoluta seguridad que este encuentro entre Puigdemont e Illa satisfacía plenamente los deseos del noventa por ciento de los catalanes y el ochenta por ciento de los españoles. Cuando el periodista que le formulaba las preguntas –un periodista normal, profesional y digno, no Pepa Bueno- le preguntó si el ministro tenía constancia de estas cifras y si existía alguna confirmación científicamente aceptable de los hechos expuestos, José Manuel Albares respondió que no. Que era simplemente una afirmación de la que estaba convencido.
Las excelentes virtudes de una cita que garantiza la reconciliación, sella la paz entre Cataluña y el resto del país
La más dura de las conclusiones obtenida de este sainete no es únicamente la percepción de que se está a disposición y órdenes de un sujeto que huye de la justicia sino que el Gobierno propio nos toma a todos por imbéciles. Albares se ha inventado sobre la marcha una falsedad como tantas otras. Y ha encadenado otras del mismo pelaje. Por ejemplo, que Puigdemont está a salvo por la ley de amnistía cuando sabe que la malversación no entra en el núcleo de delitos perdonados. Y además está la famosa “quita” de Montero. Una condonación de deuda que supera los 800 millones de euros despilfarrados y malversados por los políticos catalanes, que valen un apoyo para seguir tirando.
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