Jaime Fernández Garrido
DESCUBRINDO A BIBLIA EN OURENSE
Palabras de vida
VÍA DE SERVICIO
Si se comparan las declaraciones del rey emérito Juan Carlos I, realizadas en Oaxaca ante representantes de las comunidades indígenas mexicanas en 1990, y las pronunciadas por Felipe VI durante la visita a una exposición arqueológica mexicana en compañía del embajador mexicano en nuestro país, se apreciará que no existe ninguna diferencia. En ambas se habla de que durante la conquista se produjeron abusos que fueron reconvenidos tanto por Isabel de Castilla como por Carlos I, y que se redactaron las Leyes de Indias para tratar a los indígenas como al resto de súbditos y vasallos de la corona. Por tanto, no parece que la polémica desatada por las palabras del monarca debiera tener mucho recorrido dado que la Casa Real mantiene la misma posición que hace treinta y seis años, pero aun así parece que cualquier referencia al reconocimiento de unos hechos insoslayables se convierte en un nuevo intento de resucitar un aspecto de la leyenda negra o una maniobra interesada desde la izquierda por desprestigiar la labor civilizadora realizada por España.
Las palabras de Felipe VI mantienen la misma posición que hace 36 años, reconociendo abusos históricos sin alterar la labor civilizadora de España
Si existe orgullo nacional por la conquista, por la elaboración de unas leyes muy avanzadas para su tiempo, por la labor de unos juristas que trataron de poner coto a la actuación de virreyes y encomenderos, el mismo orgullo debe sentirse por reconocer que no todo se hizo bien, aunque por supuesto debe aceptarse que aquellos hechos no deben juzgarse a la luz de un presentismo moral y que es obligada una reflexión conjunta sobre el contexto histórico del Descubrimiento y la posteriores colonización. Numeroso historiadores ya se han aprestado a esa reflexión en el contexto del imperio español y en el de otros imperios que tuvieron una actuación aún más tenebrosa, y de la que se han derivado peticiones de perdón a los pueblos que fueron colonizados y esclavizados.
Por eso son difíciles de entender los prejuicios manifestados por los dirigentes del PP y de Vox ante unas declaraciones de Felipe VI que se encuentran en línea con las realizadas por su predecesor, a no ser que respondan a un doble interés político, el de mantener la ficción de una labor civilizadora sin mácula realizada con la cruz en una mano y la espada en otra, y en el caso de Vox, por encontrar un nuevo motivo para dañar la figura de Felipe VI y de paso a la Corona, añadido al desprecio de su papel constitucional que limita su ámbito de actuación.
Como nada en la política nacional ocurre sin causa, lo que se plantea sobre las palabras del rey es una cuestión de tiempo y oportunidad, que hace que la respuesta del rey a la exigencia de pedir perdón realizada hace media docena de años por el expresidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, y seguida por la actual presidenta, Claudia Sheinbaum, responda al interés de ambos países por volver a una cierta normalidad que reavive las relaciones entre ambos países “pausadas” por AMLO, y de ahí la reacción de la presidenta mexicana de considerar el gesto del rey como “un acercamiento” a pesar de que no se ha movido un ápice de la posición española de reconocer los abusos. Si así se salva la invitación al rey para presenciar un partido de la selección española en el Mundial de Fútbol de junio en la mexicana Guadalajara y la asistencia de México a la XXX Cumbre Iberoamericana, bienvenida haya sido una controversia de efectos limitados, salvo los que quiera prolongar la ultraderecha convertida en el mayor enemigo de la Corona.
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