Oro Claro en Fonseca

CAMPO DO DESAFÍO

Publicado: 28 abr 2026 - 02:10
Opinión en La Región
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Nos convoca Xurxo Oro Claro (1955) con el afecto generoso que le caracteriza, no en balde ha pasado demasiado tiempo desde sus últimas exposiciones, ¿diez años, quizá, de “Muro”?, ¿tres lustros desde “Bosque 3050”? Oro Claro es un nombre respetado en el panorama artístico del país, una referencia en la marea creativa emergente de los ochenta y noventa del pasado siglo, aquel tiempo efervescente en torno al fenómeno nuclear de Atlántica, de las primeras ediciones de Arco, del tejido incipiente de espacios institucionales (CGAC), galerías de arte, coleccionistas institucionales (cajas de ahorro) y particulares, hoy casi extinto. Oro Claro viene de aquella tradición, como tantos otros, apenas supervivientes del naufragio de la sensibilidad compartida y jubilosa, experimental y abierta al mundo, a condición de hundir los pies en la tierra propia, la mirada sosegada en los paisajes familiares y los códigos implícitos de las gentes del lugar.

Las cerámicas de Oro Claro afirman la visión figurativa de su obra

Xurxo Oro Claro ha puesto en pie una nueva colección de piezas, comisariada por Monse Cea, que ahora muestra en el Salón Artesonado del Colegio de Fonseca, en Compostela. Un espacio señero del país, bajo el manto protector de la USC, a pie de calle y en el corazón monumental de la ciudad, de nuevo, atestada de peregrinos susceptibles, tal vez, de reconocerse en esta exposición. Ha dispuesto allí varias colecciones de cerámicas luminosas que rompen una tradición anterior basada en el acero soldado, en las tiras metálicas a modo de armaduras o mordazas, en los árboles esquemáticos y en los cuerpos violentados. Las cerámicas de Oro Claro afirman la visión figurativa de su obra. Son cabezas, pies, piernas, grandes platos y ánforas que el escultor ha intervenido, a lo largo de tres años de duro trabajo, de soledad y de diálogos abismales consigo mismo. La tradición alfarera portuguesa de Barcelos ha acogido muchas de estas jornadas insomnes de lucha con los demonios, con el material del que había que aprenderlo todo, hasta domarlo con la voluntad del artista para lograr expresar lo que pugna por ser exorcizado. Justificaba Freud, “El malestar en la cultura”, el eficaz papel de la imaginación en la vida psíquica y Beuys el efecto terapéutico del arte, sus fuerzas curativas.

Beade -en el Ribeiro del Avia-, Barcelos y Compostela es el triángulo donde Oro Claro ha puesto en pie esta titánica obra: Arxila, auga e lume. Con ella se rompen los convencionalismos de la forma del objeto intervenido, de su función original utilitaria, también de tantos detalles kitsch de la olería portuguesa, para elevarnos a otra altura perceptiva producto de la resignificación. Oro Claro ha encontrado en esta imaginería colorista, brillante y barroca, tan contrastante con la nuestra, el vehículo para mostrar su honda intencionalidad herida y desasosegante.

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