Fernando Jáuregui
La España un poco más oscura, casi negra
CAMPO DO DESAFÍO
El turismo, ese fenómeno de masas que, aún sensible a las crisis, goza de muy buena salud, no acaba de despegar en Ourense, capital y provincia. Sin necesidad de recurrir a las estadísticas, que este diario ha publicado esta semana, los residentes en el territorio nos damos perfecta cuenta de que el sector no acaba de aprovechar sus oportunidades. Es cierto que, a tenor de los gustos actuales, en realidad gustos y tendencias de hace ya un siglo, partimos con alguna sensible dificultad respecto del litoral. El sol y las playas tienen un imbatible atractivo para todas las franjas de edad y también de capacidad económica. Sólo desde un esfuerzo especializado y continuado en el tiempo, algunos destinos de interior son capaces de competir con alguna ventaja. Mi amigo José Ángel Barquero, por ejemplo, lleva años empeñado en una cruzada, digna de mejores resultados, en favor del termalismo. En términos siempre teóricos, las surgencias termales parecerían reunir algunas de las condiciones para estimular y desarrollar una industria casi específica del interior y de Ourense en particular.
En días pasados, y en la tertulia que dirige Xaime Calviño en Telemiño, se nos pedía a los contertulios que señaláramos un elemento con posibilidades de dinamización del turismo en la provincia. Todos coincidimos en resaltar el patrimonio monumental como un muy digno y olvidado pilar de lo que podría ser una decidida oferta turística, con capacidad para irradiar todo el territorio. Junto a los numerosos ejemplos de nuestra arquitectura del románico y el barroco, incluyendo la influencia portuguesa en la Limia o técnicas constructivas y decorativas peculiares, tanto en sus ejemplos religiosos como civiles –fortalezas, pazos, puentes, palomares, hórreos, fuentes, cascos históricos o casas nobles vilegas-, se señaló también el paisaje, los vinos de nuestras cuatro D.O.´s y el ya citado termalismo, como posibles ejes alrededor de los cuales hacer pivotar una atractiva oferta desestacionalizada muy ligada al medio natural.
La persistente inasistencia del ayuntamiento de Ourense a Fitur, la feria internacional del turismo que anualmente se celebra en Madrid, no ayuda a impulsar una acción proturismo en el conjunto de la provincia. Ourense no solo desprecia una oportunidad de darse a conocer al mundo, sino que pierde uno de los factores de innovación y dinamización del sector servicios en su conjunto. Un perjuicio que afecta a la hostelería y hotelería en primera instancia, pero también al sector vinícola, al agrario, al ganadero y de transformación de toda la provincia; al sector comercial, al de distribución, del transporte y a la creación, por tanto, de empleo y riqueza.
Ourense tiene elementos suficientes para presentar una oferta diferenciada, pero se echa en falta el factor humano y empresarial capaz de imaginarla e impulsarla.
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