Berto Manso
LA OPINIÓN
Nadie es mejor que todos juntos
TAL DÍA COMO HOY
Nació como Neftalí Ricardo Reyes Basoalto, pero pronto adquirió el pseudónimo de Pablo Neruda, tal y como lo hemos conocido siempre.
Según se dice, lo hizo para evitarle a su padre el disgusto por tener un hijo poeta.
Chileno de nacimiento, fue Nobel de Literatura en 1971 y está considerado una de las máximas figuras de la lírica hispanoamericana del siglo XX.
Fue autor del libro más leído de la historia de la poesía, “Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada” (1924)
Entre muchos reconocimientos fue Doctor Honoris causa por la Universidad de Oxford.
Autor del libro más leído de la historia de la poesía, Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada (1924), Neruda escribió gran variedad de estilos, incluidos poemas surrealistas, epopeyas históricas, poemas de amor y manifiestos políticos entre su obra destacan: Crepusculario (1923), Residencia en la Tierra (1925-1931), Los versos del capitán (1952).
Miembro activo del Partido Comunista de Chile, desempeñó como diplomático varios cargos.
En 1945, Neruda fue elegido para el Senado de Chile.
Falleció en Santiago de Chile el 23 de septiembre de 1973, solo doce días después del golpe de estado de Pinochet.
Como obra póstuma se publicaron en el mismo año de su fallecimiento sus memorias con el título Confieso que he vivido.
A su muerte, el partido comunista presentó una querella al pensar que Neruda había sido asesinado por el médico que le trataba del cáncer de próstata que padecía.
Nunca se llegó al fondo de este asunto.
Una de las curiosidades del poeta es que escribía siempre sus poemas con tinta verde. Si no tenía tinta de ese color, dejaba los versos sin terminar.
En el año 1839, nació en Igualada (Barcelona) un hombre llamado José María Carulla, que se destacó por ser abogado, servidor del papa Pío IX y fecundo versificador además de fundador y director del periódico “La Civilización” y célebre polemista católico.
La Santa Sede lo distinguió con la Cruz de Mérito, en reconocimiento a su ambicioso empeño en trasladar el texto en prosa de la Biblia (o parte de ella) a la forma en verso.
Desafortunadamente, la ardua tarea de versificar tan magna obra fue mucho más dura para él, que evidentemente no había sido favorecido por Dios en el reparto de talentos, particularmente en el arte de la poesía.
De manera que, el resultado del esfuerzo -concretado en setenta y tres gruesos volúmenes- terminó por ser un fárrago inaudito de casi versos que durante mucho tiempo fue motivo de broma en todos los cenáculos literarios y tanto fue así, que, desde entonces, el dicho la Biblia en Verso se usó como equivalente de todo aquello que, por su tamaño, extensión y confusión, resulta difícil de digerir.
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