Miguel Anxo Bastos
Guerra económica
VÍA DE SERVICIO
La concatenación de sucesos que suben de intensidad y gravedad en Ceuta, con las protestas de los ciudadanos que quieren recuperar la normalidad perdida desde hace un mes, más la actuación irresponsable de grupos de migrantes, confirman que la situación en la ciudad española es cada vez más irrespirable, producto de la inacción de los días que han precedido a la vuelta del Gobierno de las vacaciones estivales y de la falta de perspectivas de quienes asaltaron la frontera española con la entrada masiva que supuso un ataque a la integridad nacional. En estas circunstancias todo el mundo busca, en unos casos explicaciones, en otros gestionar la crisis y otros más recuperar la tranquilidad y todo confluye en que a los ceutíes se les esté acabando la paciencia ante unas soluciones prometidas que no se atisban a corto plazo.
En efecto la crisis va para largo, pero se agrava con la incertidumbre y los mensajes contradictorios
El ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, ha afirmado en su comparecencia parlamentaria que quien piense que esta crisis se va a resolver con rapidez “no tiene ni idea”. En efecto la crisis va para largo, pero se agrava con la incertidumbre y los mensajes contradictorios, porque nadie sabe cuando van a producirse las primeras expulsiones legales de aquellos que no tienen posibilidad de lograr el asilo y todavía se mantienen las luchas soterradas entre las distintas administraciones y otras instituciones que contribuyen a que no se produzcan soluciones con rapidez, desde la falta de acuerdo acerca de los lugares donde concentrar a los migrantes, a la solicitud de más recursos humanos para los trámites judiciales, o los plazos y los mecanismos que se van a arbitrar para defender la frontera. Incidentes como el apedreamiento de una patrulla del Ejército por parte de un grupo de migrantes llegados a Ceuta no contribuye a calmar la situación sino a emporarla, elevando su gravedad, lo mismo que el carácter violento de algunas manifestaciones ciudadanas que comienzan con carácter pacífico y acaban con la intervención policial para frenar enfrentamientos.
El llamamiento a la calma realizado por las autoridades ceutíes ante este cambio de actitud de los ciudadanos contrasta con otras declaraciones de responsables políticos que se escuchan en el Congreso en las que se insiste en la obligatoriedad de la repatriación inmediata de todos los que entraron a finales de julio para poner fin a la crisi de orden público que se etá gestando, a lo que no es ajeno el intento de caldear el ambiente por parte de los dirigentes del PP, con Feijóo a la cabeza, tras el ataque a la patrulla militar, o con las declaraciones de los portavoces de Vox, cada vez más incendiarias.
Las comparecencias -tardías- de los distintos ministros involucrados en la crisis tiene todas carácter exculpatorio de su gestión, por un lado y de la responsabilidad de Marruecos, en otros y no dejan de señalar que el Gobierno carecía de información sobre la gravedad de lo que se avecinaba, y como en el chiste, parece que el CNI informó, pero poquito. de tal forma que el Gobierno no tenía instrumentos para hacer frente a la avalancha, lo que contrasta con la declaración de Cuca Gamarra de que ellos sí conocían la magnitud de lo que se preparaba. Incluso los socios parlamentarios no han dejado de señalar que el principal problema deriva de la inacción del Gobierno durante muchos días, y cada vez están menos dispuestos a concederles moratorias en la solución del problema en Ceuta.
Mientras que no comiencen a verse soluciones, que salen de Ceuta los que tiene que salir porque no tienen derecho a amparo y se resuelva el problema de los menores, por medio de la solidaridad entre las comunidades autónomas y se garantice la seguridad, la situación se irá degradando cada vez más, y la paciencia se acabará agotando con consecuencias imprevisibles.
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