Eduardo Medrano
TAL DÍA COMO HOY
La batalla de Waterloo
EL ÁLAMO
Supongo que Luis Roldán, a quien vimos hasta en calzoncillos en la prensa días después de su fuga a Laos, tampoco podría pensar en huir, dada su “pública notoriedad” (en esa época veíamos más la cara de Roldán, todo el día en la tele y en la prensa, que la de nuestras parejas) y su “arraigo en el territorio”, que era bastante, como director general de la Guardia Civil recién dimitido. Esos son los argumentos del juez de la Audiencia Nacional Luis Calama para no retirarle el pasaporte a José Luis Rodríguez Zapatero, ni ordenarle a comparecer en el juzgado periódicamente, ni prohibirle la salida del país.
Difícilmente encontrarás a alguien más ajeno al mundo del derecho que yo. Lo desprecio sigilosamente, porque, aún comprendiendo su importancia crucial en una democracia, me resulta un lenguaje extraño, ajeno a toda lógica, y de una insensibilidad tan pavorosa como las tripas de una inteligencia artificial. Por eso huyo de comentar la letra pequeña de los debates judiciales, porque lo importante de ser ignorante en algún aspecto de la vida es que no sea demasiado evidente. El silencio es el cómplice más inteligente de toda estupidez.
Zapatero podría fugarse firmando autógrafos
Pero me veo obligado a hacer una excepción. Que Zapatero es carne de cañón de una fuga de época, ahora que está trincado hasta las cachas por la justicia, lo saben hasta los chinos en Pekín; de hecho, lo saben tan bien los chinos de Pekín que, dados sus lazos y negocios con la dictadura comunista, que nadie se atrevería a descartar al gigante asiático como cómplice ideal para su posible huida.
No alcanzo a entender que la “notoriedad” sea garantía disuasoria para una fuga. Precisamente son los delincuentes de rostro más popular los que han protagonizado las escapadas más famosas de la historia del delito en España. Nadie ha dado aún con Antonio Anglés, pese a que su rostro dio la vuelta al mundo tras el horrendo crimen de Alcáser que marcó la infancia de todos los de mi generación. El Lute, el delincuente más famoso de los 60 en España, protagonizó dos de las fugas más legendarias, cuando su rostro era como de la familia para todos los españoles. Y, más recientemente, qué decir del golpista Carles Puigdemont, que huyó como rata de cloaca después de dejar a sus espaldas el país en llamas.
Zapatero podría fugarse firmando autógrafos. Y aún encontrará charos pidiéndole selfies en cualquier aeropuerto, porque el nivel acrítico del socialismo español, con Sánchez, alcanza hoy cotas nunca imaginadas, y pese a las sospechas y evidencias, el expresidente español sigue siendo todo un referente moral y político para el sanchismo, quizá porque representa exactamente lo mismo, quizá porque el futuro que le espera al Gobierno es exactamente el mismo que el del leonés que guardaba racimos de joyas de extraña procedencia y cuantioso valor.
Me aburre ya que toda esta gentuza no sea capaz de asumir sus responsabilidades, de hacerse cargo de sus acciones
Esta semana varios diarios publicaban que Zapatero ha asumido que no tiene salida, y que su única preocupación es salvar, en lo posible, a su mujer y a sus hijas, de la explosión judicial que se le viene encima. Conmovedor. Pero no creíble. Tengo para mí que la filtración de esa asunción de la desdicha procede del propio expresidente, y encaja totalmente con el perfil teatral, siempre sobreactuado, del tipo que llegó a La Moncloa aupado por el impulso electoral del atentado más grande de Europa, y el único de esas dimensiones realizado exactamente para cambiar al gobierno –y lo logró.
Zapatero está triste. Zapatero se ha rendido. Zapatero es Sánchez, cuando su retiro, amagando con dimitir, haciéndose la víctima. Me aburre ya que toda esta gentuza no sea capaz de asumir sus responsabilidades, de hacerse cargo de sus acciones. Si habéis robado, no hay victimismo alguno, pagad y callad. Si habéis roto el país –aquí no hay condicional, sino una afirmación rotunda-, pagad y callad.
Zapatero filtrando su desesperación es exactamente Sánchez filtrando la suya, días antes de preparar su defensa más suicida, haciendo saltar por los aires las costuras del Estado para salvar su propio trasero; cuando nacieron las cloacas. Por eso, no es que no haya riesgo de fuga, es que Zapatero es una fuga en sí mismo desde el mismo día en que salió de La Moncloa y comenzó a trapichear entre Caracas y Pekín.
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