Una paja demasiado cara

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Publicado: 23 may 2026 - 02:40
Isaac Pedrouzo
Isaac Pedrouzo | La Región

Descubrí que no podía ser padre gracias a un acto de onanismo poco apetecible y de precio dilatado. Sin dilatación no habría historia.

Ante lo inútil de los intentos sexuales de manera tradicional, aunque calendarizados ajustándose cada episodio a una hora y día específicos, no era de suma inteligencia que algo excepcional estaba aconteciendo.

Impotencia de no poseer el control de cada hecho.

Solicité una cita en una clínica especializada en la calle Nuestra Señora de la Saínza, una avenida sin sauces pero con nombre casi de milagro bíblico. Algo que, sin ser yo creyente de prodigios inexplicables ni nada de eso, alimentó un poco mi fe en las casualidades celestiales.

El lugar era de un blanco impoluto. Como las camisas de los anuncios. Una recepcionista, muy amable, por cierto, me acompañó a través de un pasillo hasta una puerta a la que se dirigió como mi habitáculo. Ni rastro de un posible juicio ante la situación. Gesto que agradecí con una reverencia casi monárquica.

Un lavabo para asear las manos y no contaminar la prueba, una silla acolchada con aspecto de comodidad comedida, una mesa con varias revistas de diversas orientaciones sexuales y un televisor cuyo mando a distancia había sido plastificado de manera más rigurosa que los libros del colegio.

Un bote de plástico con la tapa roja me miraba desde la mesa.

Al terminar pulsa este timbre y vendrá el técnico a buscar la prueba. Dijo la recepcionista. Me quedé allí de pie. No quería tocar ni ver nada. Estaba allí de pie con un asunto entre manos de gestión inmediata, apremiada.

En la tele una decena de hashtags indescifrables. Un tipo rubio y fornido me sonreía desde la mesa. Mi habitáculo sonaba como lo hacen las películas de miedo cuando avisan de que va a pasar algo, el estremecimiento infinito.

Un par de minutos después pulsé el timbre.

Al final las cosas duran lo que duran.

El técnico de laboratorio apareció en seguida, levantó la muestra hacia la luz como las radiografías de hospital y me miró conforme, afirmando con la cabeza.

Me despedí un poco abrumado. La vergüenza y el vacío supongo.

A los pocos días recibí un mail con los resultados. Ante mi ignorancia en términos como astenozoospermia o oligozoospermia, decidí que lo mejor era llamar a la clínica y que me explicasen aquel bodegón de palabras en un idioma donde la compresión fuese sencilla.

Tu prueba muestra un color nacarado y, para que nos entendamos, tienes mucha cantidad de chiquitines pero son todos demasiado vagos. Resumió el técnico.

A veces en una sola frase puede estar toda una vida entera.

Gracias, se ve que salieron al padre. Le respondí.

Descubrí que no podía tener hijos en un acto onanístico que me costó cientos de euros.

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