Julia Navarro
Madres, padres
El pasado miércoles 12 de septiembre fue publicado en este periódico el artículo de mi autoría “Ourense despierta”, en el cual hacía constar los más de 50 millones de inversión empresarial que impulsan el Polígono de San Cibrao.
Quien estas líneas escribe, ourensán residente en A Coruña, celebra la prosperidad de su Ourense natal, manantial de emigrantes y que está cambiando su signo. Pero sorprendentemente, pocos días después, en primera plana nos informaban: “La negociación del plan contra el botellón se abre con crudos reproches”. La radiografía del botellón viene a ser la reunión al aire libre de jóvenes, generalmente nocturna, en la que se consumen con abundancia bebidas alcohólicas. El abuso del alcohol perjudica la salud. No he olvidado que en uno de mis viajes a Ourense acudí a la capilla de las Mercedes. Serían sobre las siete de la mañana y un grupo de seis adolescentes hacían uso de la bebida como un formalismo, y como en en todas partes cuecen habas, aquí en A Coruña, en ese céntrico jardín de Méndez Núñez, los cascos de la cerveza los arrojaban al suelo en lugar de a los contenedores.
¿Para qué sirven los botellones? Tal vez para obnubilar los sentidos.
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